Giammattei está condenado a gestionar una administración corrupta y fallida. A juzgar por su Acuerdo Gubernativo de ayer, confía más en que la Plaza no volverá en 2021, que en su capacidad de librarse de las pesadas cadenas que devienen del desmesurado financiamiento que aceptó de buena gana (pensando en su retiro y no en probabilidad de ser electo) de monstruosos poderes fácticos innombrables. Giammattei no es el Houdini de la política.
Tiene tres frentes: 1. Los financistas innombrables, 2. La Plaza ciudadana y 3. La potencial persecución penal. Si en algún momento se le cruzó la idea ingenua de que podía librarse de los financistas devolviéndoles el dinero con intereses, ya la descartó. Los financistas de campañas políticas no son operadores en mercados de reportos: dan la plata a cambio del derecho de picaporte que les multiplica los beneficios en todos los campos (económico, seguridad, político y judicial).
La densidad de la Plaza en 2020 está lejos del 2015 y, hay que admitirlo, se desorientó tantito el sábado 4, cuando prematuramente introdujo consignas poco comprensibles; sin embargo, la Plaza ciudadana, con su masa muscular aún no desarrollada, fue capaz de poner en jaque a Giammattei con apenas dos movimientos (21 y 28 de noviembre). Eso habla de la precoz debilidad política del Presidente, a pesar de controlar los tres poderes del Estado. Sus anuncios del viernes 3, acordados con el vicepresidente Castillo, eran un segundo tanque de oxígeno, que consumió aceleradamente en menos de 72 horas.
De los tres ofrecimientos –desmantelar el Centro de Gobierno y encargarle al Vicepresidente el rediseño del Presupuesto 2021 y la coordinación del gabinete de reconstrucción– falló en el último, porque es donde está el dinero contante y sonante; ahí se localizan los compromisos directos con los financistas. Y puso al can, el titular del CIV, a cuidar la venta de carne.
Giammattei se equivocó, otra vez. Si hubiese firmado esta semana un acuerdo “prefechado” de desmantelamiento del Centro de Gobierno, destituir de una vez al ogro de la Plaza –Gendri Reyes– y esperar a que el próximo día 21 se remitiese un nuevo Presupuesto 2021 al Congreso, el incumplimiento sobre el gabinete de reconstrucción habría pasado a segundo plano. Lo hizo al revés, convencido que la Plaza se desinfló y no se va a recuperar.
El costo de confianza es un ‘boomerang’. La Plaza ciudadana puede reactivarse, y aumentan las dudas en la comunidad internacional, justo en la víspera del retorno de los demócratas en Washington, con ganas de pasar factura a Jimmy Morales y su combo, donde, sospecho, Giammattei tiene más de una cola machucada.
En ese contexto se entiende el tercer frente, el de la potencial persecución penal. Y cobra mucho más sentido la apremiante cacería –al principio demasiado obvia– que le fue encargada a la fiscal general contra el jefe de la FECI, Juan Francisco Sandoval.