Se le fue de las manos el 2020 a Giammattei

Segunda semana de diciembre de 2020 y el tiempo se le escurrió al presidente Alejandro Giammattei entre caprichos personales por mantener a su íntimo colaborador Miguel Martínez en su círculo de poder; por su estrecha asociación con agrupaciones políticas y diputados vinculados a asociaciones nebulosas y ser parte de lo que los guatemaltecos llaman Pacto de Corruptos; por demeritar una y otra vez la figura de su vicemandatario al negarle asumir responsabilidades que por ley debería de asumir. Y hasta la fecha lo sigue haciendo con sus recientes acuerdos legales. 

Se le ha ido el hilo conductor, se ha desfigurado y ha dado vida a lo que verdaderamente es: Ese ser déspota quien buscó la Presidencia con fe ciega por cuatro veces pero que una vez ahí sus acciones se encaminan a quedar bien con cualquier sector, menos con los intereses del pueblo de Guatemala que vive verdaderas tragedias por la pandemia del COVID-19 y las tormentas que le han golpeado en su economía, en su entorno y en su salud. 

Pacta con la mafia en el Congreso para buscar más y mejores recursos para infraestructura y megaproyectos, guiñe el ojo a sectores poderosos que le financiaron su modelo de vida durante esos años, es permisivo con el crimen organizado y el narcotráfico para que avancen a sus anchas en sus aeronaves con vuelos descarados, se sienta con corporaciones internacionales que buscan grandes negocios en detrimento de los recursos del Estado, criminaliza, junto a sus asesores, a activistas sociales, de derechos humanos, periodistas y se vuelve esa figura moldeable de militares y sectores empresariales rancios que quieren que el estatus guatemalteco no cambie, que se quede la mafia, el albur y el aprovechamiento de los negocios a favor de pocos. Criminaliza la lucha social sin pudor. 

Todos estos aprovechados le aplauden a este mandatario compulsivamente demagógico quien incluso se ha quejado con organismos internacionales de que existen sectores interesados en propinarle un golpe de Estado o al menos generar inestabilidad social a su gobierno cuando en realidad lo que vive Guatemala son manifestaciones sociales de frustración, desesperanza y de un ¡Basta ya!

Si Jimmy Morales cortó de tajo las esperanzas para seguir la lucha contra la impunidad y la corrupción, Giammattei entierra toda posibilidad. Ello provoca que las mafias, los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos, sectores poderosos y políticos corruptos estén alineando los astros perversos para que el país siga en este círculo perverso. Y para ello usan y manipulan el sistema de justicia y de persecución penal. 

La omnipresencia del mandatario se refleja de tal manera que ayer anunció que nombrará delegados presidenciales en los ministerios y secretarías a su cargo, algo que sustituye al Centro de Gobierno dirigido por Martínez. Y de nuevo, a través del Acuerdo Gubernativo 199-2020 se receta el control de un gabinete específico de reconstrucción y delega como coordinador técnico a su Ministro de Comunicaciones y no al Vicemandatario como había explicado en declaraciones públicas a la población guatemalteca.

El dolor y el enojo le han cegado, las mafias lo cercan junto a los sectores tradicionales. El 2020 se le fue de las manos a Giammattei y con ello la esperanza de millones de guatemaltecos.

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Author: Maria Suarez