Las monedas son como los idiomas, que son útiles y demandados en relación directa con el número de personas que los hablan. Así, imagínese que usted habla sólo húngaro, que es un idioma que sólo se habla en Hungría (9,8 millones, o el 0,1% de la población mundial). En estas condiciones, a usted le resultaría difícil comunicarse directamente con el 99,9% de la población mundial, y le resultaría también extremadamente difícil encontrar a alguien que le tradujera del húngaro, digamos, al parsi, que, aunque hablado por mucha más gente en Irán y otros países del Medio Oriente, representa menos del 1% de la población del mundo.