Este régimen ha impuesto una visión panfletaria de la política. Comprensible hasta cierto punto para Maduro y para muchos de sus dirigentes porque, al fin y al cabo, es un régimen de fuerza donde no cabe el ejercicio de la razón, sino el de la violencia. Absolutamente incomprensible para la oposición, o la que se dice oposición que ya no esgrime razones de ninguna naturaleza para mantenerse como alternativa, sino que simplemente se sienta en la mesa de México y los demás, corren o se encaraman: práctica que hemos venido manejando en los últimos años.