Venezuela, una tierra de gracia y riqueza. Una nación con tantas formas de desarrollarse, con el potencial de posicionarse entre los mejores países del mundo, pero que ha mantenido a lo largo de su historia una estructura gubernamental estatista, un sistema donde no existe la posibilidad de lograr un desarrollo pleno, sino que busca coartar y destruir la propiedad privada y mantener cautiva a la población, a través de la dependencia clientelar impuesta a los ciudadanos por el Estado.