Todo el mundo sabe que las del 21 fueron unas falsas elecciones. Un vulgar torneo que manejó Nicolás Maduro a través de sus acólitos y cómplices. Repleto de irregularidades, realmente nauseabundo. Esto ocurre sólo en totalitarismo, con juegos circenses a los que se presta una “oposición” vagabunda y pesetera. Porque se trata del totalitarismo el siglo XXI que adjudica gobernaciones y alcaldías, diputaciones y concejalías, incluso, a los panas de la acera supuestamente del frente.