El “tema Venezuela” fue durante los últimos años un verdadero lastre para la izquierda latinoamericana. Los líderes socialistas se encontraban en una posición difícil: incapaces de condenar los desmanes del madurismo de manera directa, pero sin poder solidarizarse públicamente con la dictadura que les había dado protección y apoyo económico durante tanto tiempo. Se trataba de ser pragmáticos y frente a la imposibilidad de negar el drama venezolano, no había otra opción que el silencio. Hubo sin embargo quienes fueron más osados, por ejemplo, el candidato presidencial colombiano, Gustavo Petro, vino a Venezuela en 2016, en plena hambruna madurista, a desmentir la crisis humanitaria con una foto tomada en un supermercado de una zona acomodada de Caracas. El mismo año en el que Petro aseguraba que la escasez y el hambre eran invento del canal de televisión RCN, los venezolanos perdieron en promedio 8 kilos según cifras del Observatorio Venezolano de Salud (OVS).