El pasado 23 de mayo falleció Ramiro Choc, líder q’eqchi’, originario de El Estor, Izabal, zona rica en recursos, pero hundida en una constante e histórica conflictividad creada por los legados del colonialismo y la avaricia de empresas transnacionales que junto a las elites han llenado la región de criminalización y muerte. Ramiro Choc fue un hombre marcado por la historia de violencia que dio vida al Estado guatemalteco. Sus padres fueron colonos de una de las fincas de la región, dato que debe de servir como recordatorio de que los procesos de sometimiento, casi de esclavitud, instaurados para crear riquezas insaciables para las elites del país no son hechos distantes. Fue precisamente el deseo de romper con las cadenas coloniales lo que llevó a Ramiro a defender su tierra y sus recursos.
El alzar la voz hizo que Ramiro se convirtiera en un “indio rebelde”, esos a quienes las elites a través de sus fuerzas de seguridad, legitimadas por el Estado criollo, tienden a matar o a desaparecer. En el caso de Ramiro, al fallar la estrategia de muerte, el Estado, en defensa de terratenientes, lo criminalizó y envió a prisión por más cinco años acusándolo de robo, detención ilegal y ocupación de tierras, luego de que él intentara ayudar en una negociación entre autoridades y pobladores. Es importante notar que el proceso de criminalización ocurrió durante el gobierno de Álvaro Colom, presidente de la República que manejó una agenda de gobierno con una fachada multiculturalista, pero que en realidad contribuyó a la muerte y criminalización de comunidades indígenas.
Ramiro Choc fue arrestado en 2008 y condenado a ocho años de prisión en marzo de 2009. El racismo del sistema de justicia, de los fiscales del Ministerio Público y de los jueces fue innegable, sin embargo, al dirigirse a la corte, al momento de su sentencia, Ramiro describió la manera en la que los pueblos se han adherido a los sistemas legales y de justicia impuestos, mostrando que son los sectores ladinos acomodados y serviles quienes violan las leyes. Por eso, expresó:
“¡Cuántas comunidades arrasadas!, ¡cuántos muertos! La lucha de nosotros es legítima, la lucha de nosotros es sagrada y no daña absolutamente a nadie. Está basada en la Constitución Política de la República. Está basada en los Acuerdos de Paz, en el Convenio 169, ratificado por el gobierno actual. Nuestros hermanos terratenientes siguen hoy en día quitando las tierras, vengo a hacer, además de mi declaración, una sensibilización enorme. A mis hermanos indígenas se les está culpando de invasores, de destructores del medioambiente, a mis hermanos presentes acá, yo les hago la pregunta: ¿Quién tiene las montañas?, ¿Quién tiene los ríos?”.
Choc recobró su libertad en el año 2013, pero los años tras las rejas en condiciones miserables crearon un daño irreparable en su cuerpo. Hoy Ramiro se convierte en una víctima más de la política de muerte del Estado guatemalteco.