Volver a sonreír

En este mes de mayo me tocó atender a una paciente que es guatemalteca pero que radica en EE. UU. Su estado era muy malo; lo que ocurría es que su boca era como una especie de vitrina o escenario maligno, en donde cada odontólogo había dejado una mala huella; es decir, su boca era una especie de escaparate en donde se exhiben malas prácticas dentales de profesionales anónimos, y el interés de cada quien en solo obtener alguna ganancia a expensas del sufrimiento y desgracia de la paciente.

Qué mal me sentí porque es incómodo que la paciente te cuente todos los tratamientos que le han hecho y de mala forma y con ira, pero peor aún, cuánto le cobraron por hacerle semejante daño acumulado.

Es lamentable observar casos como estos, pues ponen de manifiesto que aún existen muchos profesionales que no les interesa el bienestar del paciente y que, además, sobre un mal tratamiento que alguien ha hecho, venga otro y cause un daño mayor, inexplicable pero cierto.

Ante semejante daño, solo quedó eliminar las tres piezas dentales que le quedaban en su boca y hacerle sus placas, pero la vida es linda después de enojarse con los colegas, la magia de la realización personal y profesional se observa cuando ella se prueba sus placas y se ve en un espejo, su rostro volvió a la normalidad y su sonrisa regresó y se manifiesta, a pesar de tener ya más de cinco años de sufrimiento.

El odontólogo tiene en sus manos la virtud y gran posibilidad de devolver la sonrisa a quien la ha perdido, el generar condiciones para que la persona se alimente de nuevo y adecuadamente, se comunique normalmente, y observar su felicidad a flor de piel; solo es cuestión de estar comprometido con el bienestar y felicidad del paciente. Estos son momentos mágicos que vale la pena vivirlos, solo es cuestión de estar comprometido con la calidad y con la ética de la profesión.

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Author: Maria Suarez