Quiero dejar claro que creo y defiendo la libertad y libre empresa, la iniciativa y propiedad privada, y el sistema capitalista que genera y produce riqueza. También creo y defiendo que el sistema se debe basar en la justicia, el derecho y el respeto a la ley, con un tratamiento a todos por igual dentro de una democracia.
En los países de Latinoamérica existe un común denominador, que lo representa el mix socioeconómico en las sociedades, siendo unas más grandes que otras, como el caso de Brasil, México, Colombia, Argentina, como las más grandes, y las pequeñas como Centroamérica y el Caribe.
Existe un factor común basado en un grupo de poder que desde la Conquista, hace muchos años, se fue afianzando sobre los indígenas originarios de la región, desde México, Centro y Sudamérica, en términos políticos y económicos. Personajes que llegaron de Europa en un mayor porcentaje, se establecieron y se fueron desarrollando con abuso de poder.
Esta situación por lógica circunstancial se dio en la historia; sin embargo, el problema fue que se crearon mafias que cooptaron los poderes del Estado con el poder económico, se beneficiaron con abuso y se protegieron con privilegios y ventajas sobre la sociedad. Aquí se desvirtúa la democracia, justicia y Estado de derecho.
Se ha promovido en la política la ideología como tema esencial que identifica a los partidos políticos, la derecha, la izquierda y el centro, dejando a la justicia y el derecho como un tema vulnerable y secundario, a pesar de que debe ser la base de una democracia. El común denominador a que nos referimos es sobre el abuso, privilegios, ventajas y beneficios que estos grupos de poder han establecido en los países y sus sociedades.
Esto ha creado un resentimiento y odio de las clases oprimidas y se han aprovechado de ello los de “izquierda” o socialistas. Desafortunadamente, estos personajes, apoyados por organizaciones internacionales, tienen un perfil basado en el resentimiento, son vividores y oportunistas, les gusta lo fácil y ser dueños de lo ajeno. Buscan a través de su discurso popular y la necesidad e ignorancia de las mayorías ganar su voluntad y su voto, pero al llegar al poder destruyen las economías y al sector productivo, viviendo ellos como reyes y dejando a las mayorías en la miseria.
El fenómeno que se ha dado en los países de Latinoamérica, y por el cual las sociedades ya no creen en el poder político tradicional, es principalmente por abuso, corrupción e incapacidad. Afortunadamente, estos gobiernos a que nos referimos, que han gobernado con sus sistemas tradicionales de malas prácticas durante muchos años, han cavado su propia tumba.
Las sociedades quieren un cambio, y votan por el candidato diferente, debido a no haber opciones de organizaciones políticas con un perfil y respaldo reconocido y con una agenda y plan de trabajo claro y definido, basado en el bien común y las prioridades para el desarrollo de los países.
Estas son las razones por las cuales nos referimos a lo que ha venido pasando en Latinoamérica. Además de la triste historia de Cuba, vemos cómo han caído en la desgracia Venezuela, Nicaragua; el tiempo confirmará a México, El Salvador, Perú, Chile, Honduras, Colombia, en proceso en este momento con peligro inminente. Son ya muchos países víctimas de estos poderes nefastos y nocivos para el desarrollo y bienestar de los países.
Como repito, todo tiene una razón de ser, una causa y efecto. Las personas, los ciudadanos de los países en Latinoamérica, ya están hartos de gobiernos dictatoriales, abusadores y corruptos que no crean las condiciones y ambiente necesarios para el desarrollo y las oportunidades para todos. Pero peligrosamente, peor aún, debido a la ignorancia y necesidad que sufren las mayorías, factores que definen el voto popular sin criterio, los países están saliendo de las brasas para caer en el fuego…