Cavar trincheras

Estamos llevando la discusión de las ideas por la vía incorrecta. Es deporte mundial caer en la polarización y elegir bandos en los que consigamos el aplauso y no el contrargumento; los vítores y no los cuestionamientos. Es la vía fácil y también la vía violenta, porque en el debate de ideas, atrincherarse genera un ambiente de guerra y tensión, pues tarde o temprano salen los combatientes de sus bases a disparar y matar, no a dialogar y pactar. 

Vamos a ello. 

Han sido días en los que han surgido temas —por cuestiones coyunturales— que suelen generar división, no necesariamente por el tema en sí pero por la manera radical en la que diversos grupos reaccionan a ellos. Por ejemplo, la Marcha del Orgullo, el nuevo auge de la izquierda en Latinoamérica —y por ende, la caída de la derecha— o el aborto, a raíz de la histórica decisión de la Corte Suprema estadounidense para anular el fallo que dio vida a esta práctica con el caso Roe vs. Wade. 

Siempre he defendido que las ideas no pueden estar por encima de la realidad. Un corazón latiendo es vida. Los parámetros para definir el amor son y serán siempre abstractos. Las ideologías deberían ser vehículos para poner en práctica proyectos basados en ideales cuyo fin sea el bien común. Y la dignidad no es el costo del ser humano sino el valor de las personas por el hecho de ser. Creo en eso firmemente y lo defiendo y defenderé. 

Pero también sé que vivo en una sociedad diversa, cuya riqueza está justo en esa pluralidad de pensamientos y posturas y, por ende, evitar dialogar sobre asuntos que generan división sería iluso de mi parte. Porque entiendo que dialogar no necesariamente es ceder principios, sino nutrir valores, cuestionar posturas y aceptar, cuando sea evidente, que también podemos equivocarnos. Vaya si no. 

En un panorama como el actual, es vital que comprendamos que el diálogo debe extrapolarse de las redes sociales. Lo explicaré más a profundidad en una serie de columnas que publicaré en breve, pero mientras tanto, el mensaje es que tanto TikTok como Twitter o Instagram son burbujas; burbujas digitales que han dado paso al denominado “metaverso”. Si aún no hemos sido capaces de fomentar un diálogo nutrido y eficaz a través de estos vehículos de socialización digital, ¿por qué dependemos de las conclusiones y argumentos que se producen en ellas para dictar nuestra manera de vivir? Dialogar en las redes será posible, claro, pero mientras llegamos a ello, la riqueza del diálogo seguirá estando en el tú a tú, en las sobremesas, las calles, las plazas, los bares, las salas y, por supuesto, en los medios de comunicación. 

Ese es el diálogo rico, uno que es entre dos o más personas con la firme disposición de intercambiar ideas. Por alguna razón el ser humano ha crecido en un mundo que, en su mayoría, necesita siempre de una dualidad para ejecutar una tarea exitosa; dos ojos para ver bien, dos manos para inventar, dos corazones para amarse, dos cuerpos complementarios para crear vida. Para tender puentes, se necesitan dos orillas sólidas y es importante que no se nos olvide que también las direcciones que podrán tomarse en dicho puente son dos; la que va y la que viene. 

Las ideas deben desmenuzarse, analizarse, cuestionarse y debatirse en espacios abiertos, sanos y respetuosos. De lo contrario, el “sí” versus el “no” seguirá polarizando a una sociedad que se refugia en bandos y no en diálogos. Cavar trincheras es el antónimo del progreso. 

@godoyesjd 

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Author: Maria Suarez