Nuestro país va de retroceso. Basta con señalar que hace casi cien años el país contaba con una red ferroviaria que alcanzaba los 1,100 kilómetros de vía férrea. Dichas líneas y ramales conectaban el océano Atlántico con el Pacífico, pasando por la ciudad capital. Se extendían hacia el suroccidente y conectándose con la hermana República de México, y también hacia el oriente, vinculándose con la hermana República de El Salvador, desde Zacapa. En el Atlántico contábamos con Puerto Barrios y en el Pacífico con los puertos de San José, Champerico y Ocós. También es cierto que ya toda esa red estaba en manos de la International Railways of Central America (IRCA), subsidiaria de la United Fruit Company. Un típico país bananero, se diría en el extranjero. Hoy, con toda la supuesta modernidad del siglo XXI, en su segunda década, el país está sufriendo por no contar con alternativas viables —carreteras en buen estado o líneas férreas— para poder transportar su comercio exterior —exportaciones e importaciones— para la costa sur y por medio de Puerto Quetzal. Todo por el oneroso “hoyo” de Villa Nueva. Por otra parte, a la Universidad de San Carlos de Guatemala su propio Consejo Superior Universitario está tratando de imponerle un Rector vinculado al Pacto de Corruptos. Para el año 2020, la Dirección General de Docencia reportó que la Universidad tenía 6 mil 432 profesores, de los cuales 52 por ciento eran profesores titulares y el 48 por ciento eran profesores interinos; 321 de esos profesores tenían el grado académico de doctores en diversas áreas del conocimiento y 1,672 profesores tenían el grado de maestros en diversas especialidades y áreas científicas. En pocas palabras, únicamente 31 por ciento de su profesorado tenían títulos de posgrado y un 69 por ciento contaban con el grado académico de licenciado. De las universidades privadas y existentes en el país, se desconocen este tipo de datos. Pero, siendo generosos, digamos que todas ellas juntas tengan el mismo número de profesores que tienen el grado académico de doctores, otros 321 más y que tengan también número igual de docentes con grado académico de maestros, otros 1,672 más. En suma, enseñando en las universidades del país, tendríamos 642 doctores y 3 mil 344 maestros. El resto de los docentes que enseñan, en su mayoría, son profesores con licenciatura. Lo peor de todo es que únicamente el 4 por ciento de la población guatemalteca ha logrado obtener una licenciatura. Por ello, se entienden las declaraciones del flamante ministro de Comunicaciones, que considera que no hay ingenieros en el país que puedan lidiar con los asuntos de su cartera. Él mismo solo pudo llegar al bachillerato. En términos del conocimiento del derecho y de la implementación de la justicia parece que estamos peor. Para muestra un botón. Con la fraudulenta elección del Rector de la Usac, se han presentado numerosos recursos de amparo por parte de electores que tanto los Colegios Profesionales como la propia Usac no les permitió ejercer su derecho constitucional de elegir y ser electos y hasta el momento parece que no existen jueces en el país que sepan y puedan impartir justicia con imparcialidad.