Compota de duraznos

Con la llegada de las lluvias de junio y la celebración con campanas y pólvora del Corpus Christi, aparecían en las dulceritas de vidrio del postre de la casa del Centro los duraznos en compota, platillo del repertorio gastronómico nacional como el pepián, los buñuelos en miel y los chiles rellenos bañados en salsa roja de tomate, postre tradicional de nuestra mesa hogareña cotidiana, parte del menú de la llamada “comidita del diario” del hogar chapín o de los almuerzos “ejecutivos” en donde los duraznos llegan a las oficinas embolsados y amarrados con un nudo con todo y su miel.

Los “duraznitos” en compota, con todo y su acepción chapina en diminutivo, nos remontan a los días de infancia, cuando el repertorio de postres de la mesa materna se limitaba a la variedad de platillos elaborados con plátano como los rellenitos, frutas de estación, gelatinas de colores, arroces en leche o chocolate y a las compotas de frutas, todas muy dulces y espesas, según el gusto chapín, en tiempos en que comer un pastelito de postre era todo un lujo, deparado únicamente para fechas especiales como los cumpleaños o los días domingo, cuando después de misa de doce pasábamos a la Pastelería Lutecia por bombones rosados o ranitas de ojos saltones o a la Jensen por un pastel de turrón decorado con pedacitos de gelatina roja.

El menú clásico de lonchera escolar fue por centurias los panes con frijoles, jamón o huevo revuelto, ensalada de pepino con limón y sal, y de postre, un par de duraznos en compota, los que viajaban dentro de botecitos vacíos de vidrio con tapadera color azul de rosca.

Por los días de julio, miles de pequeños duraznos y melocotones cachetones de piel afelpada invaden los mercados y tiendas de abastos de Guatemala. Llegan a la ciudad en camiones y camionetas destartaladas y veloces, dentro de grandes canastos o cajas de madera, sobre camas de espigas de pino, empacados con papel periódico blanco y amarrados cuidadosamente con redes de mecate porque son muy delicados y muy fácilmente se magullan. Vienen a la capital junto con las manzanas, membrillos, cerezas y peras, las cuales muchas veces se juntan con azúcar en la olla más alta de la cocina para que las mieles no salpiquen: una de las mejores compotas o macedonias que podemos degustar los guatemaltecos en estas fechas, postre de aromas frutales y románticos, acanelado y de miel espesa, transparente rojiza por las cerezas. Platillo poderoso e íntimo, reconfortante, que alienta el alma y es capaz de endulzar los días, especialmente los ventosos y húmedos de la temporada de lluvias.

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Author: Maria Suarez