Cuando un hombre guatemalteco o mujer guatemalteca toma la decisión de emigrar a Estados Unidos, su vida y sus acciones cambian por completo. A partir de esa decisión intencional, sus metas y su comportamiento cambian porque su vida ahora tiene una dirección. La visión de saber a dónde ir, en este caso abre la posibilidad de hacer cosas que antes eran impensables; como por ejemplo ahorrar para pagarle al “coyote” y aprender inglés. Inversiones que tienen sentido porque hay un “para qué” que provocó un cambio de paradigma.
Con una visión clara para el futuro, la creencia de que somos víctimas del pasado fue reemplazada por el concepto de volvernos constructores de nuestro propio destino.
¿Hacia dónde vamos? Saber a dónde uno quiere ir en el futuro es fundamental para poder ser intencional en lo que uno hace (o decide no hacer) en el presente.
No saber o no elegir hacia dónde moverse, por el contrario, es nefasto para el individuo porque cede su poder de elegir al ojalá, al “a ver qué pasa”.
De la misma forma, cuando una sociedad o un país no elige hacia dónde quiere ir, su destino queda condenado y a la deriva.
¿Hacia dónde estamos llevando a Guatemala? ¿Hacia dónde debería y podría caminar nuestro país si decidimos elegir reconociendo que nuestra principal riqueza tiene que ver con la biodiversidad natural y cultural?
Estas son las preguntas que me hago todos los días a nivel individual, familiar y empresarial y por ello elijo construir las condiciones que nos permitan cocrear una visión compartida de largo plazo.
Cuando nuestra mente parte del concepto de que Guatemala es rica, muy rica, el horizonte se abre y las posibilidades de transformación se vuelven infinitas. Por el contrario, cuando pensamos que somos un país pobre, nuestra mente se vuelve pequeña, limitada, escasa, y miserable.
A nivel individual y colectivo ya no podemos seguir posponiendo el largo plazo. Necesitamos con sentido de urgencia construir una visión compartida, simple, coherente y esencial que nos permita a la mayoría construir desarrollo económico, humano y ambiental en todos los departamentos.
El 2022 es un año decisivo para marcar el rumbo que queremos que Guatemala tome en los próximos 10 años. Cinco Cumbres marcarán en este año la historia y el futuro. Primero fue la Cumbre Futuro en Tecpán. Luego desarrollamos la Cumbre Riquezas en uno de los barrancos de la capital y la Cumbre Agua y Biodiversidad la hicimos estratégicamente en Amatitlán. En mayo llevamos a cabo la Cumbre de las Niñas y los Niños y en julio se llevará a cabo la Cumbre Bienestar y Salud, rumbo a septiembre cuando presentaremos los resultados y las prospecciones para los próximos 10 años.
Saber a dónde queremos ir nos va a permitir reemplazar el paradigma del pasado por el del futuro.