Palabras con las que el expresidente de Rusia Medvedev y actual segundo al mando del Consejo de Seguridad se refiere a los críticos del Kremlin en sus constantes mensajes de odio racial, que acostumbra a enviar en las redes sociales, mismas que utiliza, sin la más mínima pena, para referirse a los ciudadanos de Ucrania y jactarse de que hará todo lo posible para que desaparezcan de la faz de la tierra, pues los odia a muerte.
Situaciones que denotan con claridad el sentimiento del Fuhrer de Rusia y sus lacayos, en su vorágine insaciable de sangre y muerte, ampliamente documentada en el uso indiscriminado de armas prohibidas como las devastadoras bombas de racimo 9N210 y 9N235, utilizadas en la ciudad de Járkov, y la siembra de miles de minas antipersonales que tanto daño han hecho a civiles inocentes en muchos países donde han sido usadas indiscriminadamente, al igual que el sanguinario uso del fósforo blanco, el cual no para de quemar en tanto el oxígeno esté presente, por lo que llega en muchas ocasiones hasta los mismos huesos.
Ante todo ello, nuevamente su Santidad el Papa Francisco, hace solo unos días, nos vuelve a llamar la atención y declarar con firmeza: “No olvidemos al martirizado pueblo ucraniano, un pueblo que está sufriendo”, pues el alargamiento del conflicto puede en algún momento hacernos olvidar y relegar a todo un pueblo que lucha por su libertad y democracia.
No debemos permitir que el cansancio de Ucrania, como le han llamado algunos expertos, sorprenda al mundo libre y que nuestras preocupaciones del día a día en nuestros países y naciones, por muy duras y complicadas que sean, nos nublen la visión de la amenaza real que Rusia representa para la humanidad.
Rusia, aunque lo minimice, y trate de negar que no le afecta, está bajo sanciones muy fuertes y de largo plazo, que están dañando fuertemente sus cadenas de suministro y aumentando no solo el descontento, sino que el desempleo.
El daño a la economía global es de dimensiones colosales. Los precios de la energía eléctrica, los combustibles y los alimentos continuarán por las nubes, nos guste o no.
La amenaza de una hambruna en África es real por la retención de miles de toneladas de granos y el bloqueo de los puertos. Vladimir Putin prepara un nuevo Holodomor (matanza por hambre) en varias regiones del planeta. Esa es su estrategia mortal, con la que pretende hincarnos.
Con una visión retrógrada del siglo XX, clamando por el retorno de su putrefacta madre Rusia, prepara una guerra de aniquilación, en la que sus soldados lo maldicen comiendo perros o concentrado, los brotes de cólera aumentan y la esperanza y la fe se mantienen vivas con bodas bajo las balas transmitidas por internet.