Mucho escuchamos sobre la cultura de legalidad; sin embargo, decidí detenerme y leer el significado que le dan a este grupo de palabras. Algunos diccionarios la describen como “el conjunto de creencias, valores, normas y acciones que promueve que la población crea en el Estado de derecho, lo defienda y no tolere la ilegalidad”.
En GuateÍntegra, un programa anticorrupción que nació de Cámara de Industria de Guatemala (CIG) hace 5 años, decidimos que el norte de nuestro plan de trabajo sería promover la cultura de legalidad en distintos ámbitos. No solo en el empresarial (que también es importante), sino trabajando con niños, jóvenes y otros sectores para que empezaran a comprender la importancia de hacer las cosas bien.
Para mí, eso es cultura de legalidad: algo tan básico, pero a la vez tan importante, como hacer las cosas bien. Sin embargo, resulta irónico que cuando reflexionamos sobre nuestras conversaciones en grupos sociales siempre calificamos como un “héroe” al que copiaba en el colegio y no lo descubrían, o al que va en el carro y se salta la multa por pagar una “mordida”. También decimos que el “mala onda” era quien no nos quería compartir la tarea para copiarla o el que le cotilleaba a los papás que íbamos a salir de fiesta a escondidas.
Es momento de empezar a cambiar esa mentalidad y de darnos cuenta de que para que nos vaya bien tenemos que hacer las cosas bien. No podemos seguir aplaudiendo en grupos sociales este tipo de acciones, debemos recordar que en estas conversaciones nos escuchan nuestros hijos, sobrinos y/o nuevas generaciones que imitan nuestro ejemplo. Dejemos de celebrar las mentiras, el abuso o las injusticias, y, por el contrario, analicemos qué estamos celebrando y qué realmente queremos aplaudir.
Empecemos a cambiar ese modo de pensar en nuestro día a día. Recordemos que hacer las cosas bien y fomentar la cultura de legalidad empieza con nuestras acciones diarias. Iniciemos con acciones tan pequeñas como no pasarnos un semáforo en rojo, no colarnos en las filas y no copiar en un examen. Debemos predicar con el ejemplo.
Estoy convencido de que hacer las cosas bien, fomentar y sembrar estas ideas en las nuevas generaciones es parte de lo que nuestro país necesita para cambiar. En GuateÍntegra seguiremos impulsando programas que formen a las nuevas generaciones, a los jóvenes profesionales y a las empresas en valores, ética y temas anticorrupción.
Nosotros creemos que fomentar la cultura de legalidad es el camino para dejar un mejor legado. Así que empecemos a hablar sobre estos temas en la mesa para que mañana sean parte de nuestro diario vivir. Ser un ciudadano que fomenta la cultura de legalidad no es un derecho, sino una responsabilidad que contribuye a construir un país libre de corrupción, la cual podemos vencer, pero el primer actor de cambio empieza por nosotros. Retomemos los valores y comencemos con nuestras acciones diarias, teniendo en mente que la cultura de legalidad debe ser un principio que se aplique en nuestro hogar siempre.
*Director de Cámara de Industria de Guatemala (CIG)