La pobreza en Guatemala (60 por ciento de la población) nos sitúa por encima del promedio del resto de países en Latinoamérica (34 por ciento ), y de Centroamérica (40 por ciento ). La esperanza de vida al nacer está por debajo de los países en C. A. y del resto de Latinoamérica. En cuanto a mortalidad materna Guatemala está por encima del promedio en Latinoamérica, al igual que en la prevalencia de desnutrición, que nos coloca como uno de los países con mayor desnutrición infantil en el mundo. Un poco más de la mitad de la población (65 por ciento ) cuenta con acceso a agua segura para consumo humano, mientras que en Centroamérica la tasa alcanza casi el 80 por ciento. Guatemala sigue ranqueando por debajo de sus pares centroamericanos y de Latinoamérica en general en otros indicadores de desarrollo, como la esperanza de vida al nacer, la población con acceso a servicios sanitarios en el hogar y en cuanto al índice de acceso rural a servicios de infraestructura básica. La inversión en infraestructura pública es una de las más bajas de la región (B. M. 2015). La clase media en Guatemala se ha ido deteriorando, a tal punto que en 2015 Guatemala superaba solo a Haití en cuanto al tamaño de la clase media (B. M. 2015).
En contraste, entre enero y octubre del 2014 se vendieron en Guatemala más de 1,300 vehículos de lujo, equivalente al 5 por ciento de las ventas de automóviles nuevos en el mismo periodo (C. A. Data, 2014). Mientras más de la mitad de la población consume el equivalente de Q850.00 al mes en bienes y servicios básicos, un restaurante colgante en la ciudad ofrecía en 2016 un almuerzo a Q800.00. Esto sucede en el mismo país que se colocó en 2021 como el segundo país con la mayor crisis alimentaria de la región (‘elperiódico’, 2022).
La información presentada aquí son simples datos y números fríos. No hay ideología detrás de ellos. Es información objetiva, neutra. A falta de fuentes oficiales recientes de datos estadísticos, solo podemos especular que la pandemia ha hecho que la crisis haya empeorado para las mayorías, aunque unos pocos sigamos nuestra vida ajena a esa realidad. Pero no estamos condenando a nadie por tener dinero bien habido, por ser productivos, tener empresas exitosas o por consumir productos de lujo. No es por allí la discusión inteligente, que quede claro.
El tema de fondo es comprender que esa perturbadora realidad responde a una estructura sobre la cual descansa el sistema productivo y distribuidor de riqueza en el país, es decir, un modelo económico. Pero también es la consecuencia de cómo interpretamos la realidad en la que estamos inmersos y que responde a una narrativa hegemónica que difícilmente cuestionamos. En general, buscamos, bajo el paradigma aprendido, justificar los datos bajo una perspectiva individualista, que ha sido la hegemónica desde finales del siglo pasado. La realidad es que esos indicadores responden a varias causas y pueden explicarse desde otras perspectivas más allá de la individualista.
Las políticas económicas, sociales y ambientales son elaboradas y ejecutadas dentro de un marco de Economía Política, es decir, de una estructura económica, social y política. Marco que también ha sido construido históricamente por tomadores de decisión desde posiciones de poder. Esa estructura es la que explica también la realidad del país, y es esa la que debemos cuestionar en nuestros análisis.
La prioridad y objetivo de las políticas económicas es lograr erradicar la pobreza y sus causas y mejorar su calidad de vida de la población, pero ese abordaje puede hacerse desde una perspectiva de economía política ‘individualista’ (llamada también ‘neoliberal’), que responde a un marco neoclásico y que a su vez se enfoca exclusivamente en el individuo, ignorando muchas variables de contexto que inevitablemente le afectan. Pero también puede abordarse desde una perspectiva ‘estructuralista’, basada en la economía clásica, keynesiana o institucional, entre otras, que siguen siendo válidas y que observan la estructura en la cual se desenvuelven los individuos, comunidades y países, y evalúa cómo el contexto, las asimetrías, los procesos, las relaciones y circunstancias históricas, culturales, políticas, económicas y/o sociales influyen en esa realidad individual.
Son esos abordajes desde la Economía Política y no exclusivamente desde las Políticas Económicas coyunturales los que deben ser detonados para un análisis más extenso que nos dé las herramientas para explicar las causas de los preocupantes y vergonzosos índices de desarrollo integral que se reflejan en Guatemala y de los cuales usted también se ve afectado/a. (Continuará…)