La inexorable ruta de las relaciones internacionales

Las relaciones internacionales están a cargo de presidentes o primeros ministros, que alinean a los Estados que representan con agendas globales o de países que no necesariamente redundarán en beneficio de sus ciudadanos, que son el centro de gravedad y supervivencia de estos. Pero en más de una ocasión hay que aliarse con Estados que ostentan el poder —económico, militar y político—, en el caso de Centroamérica con EE. UU. o de bloques hegemónicos de los que inexorablemente se depende para sobrevivir. 

Es complejo apelar a la plena independencia y soberanía por los países denominados en vías de desarrollo, por no llamarlos del tercer mundo, que reúne a los países con menores niveles de ingreso, alta tasa de desempleo, pobreza, bajos niveles de salud y educación públicas, así como un producto interno bruto (PIB) bajo, que no es suficiente para resolver las necesidades mínimas de la población. Sin embargo, sí es posible recibir un trato digno y respetuoso de la potencia hegemónica en el continente, adoptando y sosteniendo posiciones concretas ante las circunstancias que afectan a las naciones de Norteamérica. 

Ciertamente, es complejo hablar de soberanía a partir de la definición de soberanía construida en el periodo de la Guerra Fría. Richard Feinberg, citado en Resumen Ejecutivo de Inteligencia (1993), director por esa época de Diálogo Interamericano, fue quien “inició formalmente la redefinición de la soberanía”, encargando a académicos y funcionarios norteamericanos la redacción conceptual de este término. La razón de la reconceptualización era para “evitar que los gobierno y grupos armados” se escondieran detrás de este marco legal. Peter Bell expresó en el Resumen que se están “sentando precedentes contra la soberanía en Haití, Perú y Somalia”.

No obstante las dificultades de un Estado tercermundista para sobrevivir en el espacio geográfico de los países poderosos, siempre existirá espacio para hacerlo con dignidad, a la vez que se contiene la agresión por medios diplomáticos.Lo primero es hacer valer la importancia geoestratégica y geopolítica de cada país de la región centroamericana y de cada Estado, en particular para los EE. UU. Seguidamente, identificar y enfrentar las diversas expresiones del crimen organizado —narcotráfico, tráfico de personas, lavado de dinero, terrorismo y corrupción administrativa— de los Estados poderosos y pobres que se lo permiten.

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Author: Maria Suarez