Guatemala es un país único, donde la conformidad y la inconformidad suceden de manera simultánea, porque aunque necesitamos de todo, nada queremos. Agruparnos para lograr propósitos sucede poco, porque ello exige compromiso, sacrificio y dar, preferimos pedir como mendigos, o usar garrote, como villanos, porque somos fáciles para unirnos en la oposición a que sucedan cosas nuevas.
Desconozco en detalle el caso de un templo al que los vecinos se oponen en San Juan del Obispo, igual que las instituciones internacionales como UNESCO y un montón de gente que se ha sumado, porque las razones me resultan poco lógicas. Un templo o centro de formación, sea del credo que sea, es más probable que funcione como centro de ayuda y espacio de oportunidad, que un bar o un centro comercial o un circo. Es un lugar de oración y ayuda comunitaria. Yo soy católico, y no me molesta que se multipliquen las iglesias cristianas, porque pueden llevar tranquilidad a la gente, teniendo en cuenta que hay excepciones. A mí no me incomoda que tumben unos cuantos árboles, ni que por la carretera pueda llegar un poco de tráfico, que es vida, porque dudo que las oraciones afecten, siempre y cuando tomen los constructores las medidas para no afectar a los vecinos. Los opositores de este caso juzgan al propietario, y exigen su derecho a ser un “pueblo pintoresco”, y pues allá ellos si eso los gratifica.
También hubo un movimiento hace algún tiempo de oposición al paso de la electricidad por las fincas aledañas en la Antigua para proteger a la naturaleza, cosa que no entiendo porque la energía da vida, iluminación, permite comodidades, y cerrarse a que se surta el servicio resultaría contraproducente, y porque al final tiene que pasar o el crecimiento del país se detiene, y se empiezan a dar aquellos apagones del siglo pasado de los que ya nos libramos. ¿Por qué oponerse a lo que significa mejores condiciones de vida? En una aldea alejada hicieron fiesta cuando llegó la electricidad, recibida con aplausos y jolgorio en la calle principal, pero cuando observaron a continuación los trabajos de posteado y cableado para llegar a la aldea próxima, los vecinos salieron furiosos a impedirlo, porque se estaban llevando su electricidad y dañando el medio ambiente, y casi linchan a quienes días antes habían celebrado.
Los argumentos para oponerse al progreso pueden ocasionalmente ser razonables, pero lo increíble es ver cómo detener obras despierta tanta indignación. Ahora bien, para hacer obras de beneficio colectivo nadie se mueve. Allí se espera que otros lo realicen y lo demandamos y culpamos a los causantes de la lluvia, del aumento del precio de la gasolina, del agujero que se formó en la carretera de Villa Nueva. Porque culpables hay por todos lados, nunca nosotros, cómodos con la costumbre impuesta por la burocracia, de que los trámites son largos y difíciles e individuales.