Remembranzas de algunas estupideces

El pasado 3 de junio, con mi esposa volé a San Francisco para pasar con mis hijos un poco más de un mes. En el vuelo, mi imaginación también voló muchas décadas atrás para recordar algunas paradojas económicas y políticas de nuestra folclórica Guatemala, las cuales proyecto al día de hoy. El general Carlos Arana fue presidente de Guatemala de 1970 a 1974. Políticamente fue de derecha, pero en aspectos económicos y sociales siguió el libreto de las izquierdas. Veamos algunos ejemplos. 

     Para reducir la falta de vivienda, Arana decidió crear un banco, el famoso Banvi, de triste memoria, que terminó siendo un nido de corruptos. Para fomentar las exportaciones, creó el ente estatal Guatexpro, cuyos ejecutivos viajaban a lo grande por el mundo «promoviendo» nuestras exportaciones. Para evitar las fluctuaciones de los precios de los granos básicos, creó Indeca y la dotó de silos. Mantuvo económicamente a flote a la naviera Flomerca, que no tenía barcos sino burocracia que daba empleo a dirigentes de los partidos políticos afines al régimen. Anualmente, con millones de quetzales (dólares porque la paridad era virtualmente uno a uno), el gobierno de Arana mantenía en el aire a la línea aérea Aviateca, que siempre perdía dinero y que, en sus vuelos internacionales, estaba comprometida con el contrabando. Pese a no ser del giro de la institución, en 1972, el gobierno del general Arana fundó el Banco del Ejército, el cual, años más tarde, al estar quebrado fue absorbido por el banco estatal Crédito Hipotecario Nacional. Y así sucesivamente. Todos los entes estatales que fueron creados durante el gobierno de Arana no resolvieron los problemas económicos y sociales del país. Fueron una borrachera de derroche de fondos públicos. El presidente Arana y su Congreso dócil siempre resolvieron los asuntos del país con una injerencia gubernamental en la economía, agrandando el Estado, con grasa, no con músculo. Uno de los diputados de ese Congreso (presidido por Mario Sandoval Alarcón) fue Manuel Ayau Cordón, quien siempre me externó su rechazo a toda esa política económica que, a solicitud presidencial, aprobaba el Congreso. 

     Tuve la suerte de discutir ampliamente toda esta temática con Ayau porque él era diputado y yo cronista parlamentario del hoy desaparecido diario El Imparcial. En la cafetería del Congreso y luego en su oficina y su casa en el lago de Amatitlán tuvimos charlas muy extensas de economía. Hicimos amistad. Aprendí mucho. 

      Contrario a lo que aconteció en Guatemala, en Chile, gobiernos, sobre todo de centroizquierda, con las recetas económicas heredadas de los Chicago Boys, redujeron la pobreza y extrema pobreza más que ningún otro país latinoamericano; llevaron a ese país a tener el mayor PIB per cápita de Iberoamérica; hicieron que, en nuestro continente latino, Chile fuera el país con menor inequidad y otros muchos adelantos sociales ampliamente reseñados. Las demandas planteadas por los políticos, agrupados en torno al actual presidente Gabriel Boric, son reclamos del primer mundo (al estilo del Mayo Francés) más que del tercer mundo. Los de Chile hoy son diferentes y no homologables a los reclamos que, por ejemplo, en Guatemala son tan elementales como tener comida en la mesa en un país en el que casi uno de cada dos niños tiene algún grado de desnutrición.

     De esa época también recuerdo que, creyendo que en edificios del campus de la Universidad de San Carlos había un arsenal de armas y municiones, la inteligencia militar le recomendó al presidente Arana el cateo de las instalaciones universitarias. Este se realizó sin que hubiera ningún hallazgo. Sobre este evento, yo publiqué un reportaje extenso, una de cuyas copias envié a mi tío Miguel Ángel Asturias. Él, que siempre me hacía observaciones de fondo y forma a mis publicaciones, esta vez me felicito mucho. Luego, en una carta de mi tío a mi papá, le externó su preocupación por mi vida. En los concursos anuales de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), ese año ese reportaje ganó el primer premio. Por cierto, bastantes años después, en un segundo cateo de las instalaciones de la Carolina, que tuvo lugar en el gobierno del general Mejía Víctores, durante varios días, en el telenoticiero que dirigía realicé una extensa cobertura del hecho, por la cual luego el Rector dio al medio un reconocimiento especial. 

     Retomando el tema del gobierno de Arana, apunto que cuando llegaron las elecciones, los partidos oficiales las perdieron. El presidente Arana dio luz verde para que se hiciera un fraude electoral muy burdo. Luego hubo otros dos sucesivos. Al final, ante la falta de democracia, militares jóvenes dieron un golpe de Estado el 23 de marzo de 1982, deponiendo al gobierno del general Romeo Lucas García. Como resultado de este golpe de Estado se inició el proceso de apertura política, que culminó con la elección presidencial del demócratacristiano Marco Vinicio Cerezo Arévalo, quien había sido un dirigente perseguido durante los gobiernos militares que antecedieron al 23 de marzo. En su campaña electoral, Vinicio Cerezo anunció que seguiría el consejo que le había dado una tía suya, de que en el gobierno había que robar poco, no mucho. Esto me lo confirmó en una entrevista que le hice por televisión. Al paso del tiempo, los gobiernos civiles han sido penetrados por el crimen organizado y el narcotráfico, de forma que lo que ahora tenemos es una triste narcocleptocracia, que no resuelve sino agudiza los problemas económicos y sociales. Ahora ya no se roba poco sino todo lo que se puede. 

     Durante la primera semana de estancia en California, mi esposa y yo estuvimos alojados en la casa de mi hijo Diego, que es ingeniero en electrónica, y de su esposa Mariya, de padres rusos, nacida cerca de Moscú, que es ingeniera en sistemas. La casa de ellos está en la ciudad de Mountain View, en Silicon Valley. Luego nos vinimos a la cabaña de Diego y Mariya en Tahoe, a donde llegaron mi hija y mi hijo con sus familias, para estar todos reunidos. Conocí a dos nietos que nacieron durante la pandemia. Para celebrar mis 80 años recién cumplidos, mis hijos contrataron mariachis. Bailamos mientras estos amenizaron la fiesta. 

     Ver venados libres en la naturaleza del bosque, nieve en lo alto de las montañas, lagos y un mundo diferente ha sido un bálsamo para mi espíritu muy lastimado por la realidad de Guatemala, hoy muy afectada por las consecuencias de las lluvias y la corrupción, que ha llevado a que la obra pública sea de segunda. Pase o no más agua, el puente colonial de Los Esclavos sigue impertérrito, viendo cómo los puentes nuevos, construidos con hierro y cemento, se caen a la primera correntada, como consecuencia de su pésima construcción. La corrupción es muy cara para un pueblo pobre como el nuestro.

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Author: Maria Suarez