Siang: El hilo de la vida (VII parte)

“Me casé, tuve tres hijos, y abandoné momentáneamente los estudios, para dedicarme exclusivamente a ser madre. Fue mi marido Jacques, y su profunda y singular inteligencia, quien me incitó y empujó a seguir adelante, y así fue que di fin a mis estudios académicos. Había logrado cerrar un círculo y pronto, como no podía quedarme tranquila, abrí otro.

Empecé a dar clases y me di cuenta de que me gustaba transmitir conocimientos y dedicarme a ser educadora, profesión y vocación que practico desde hace muchos años.

A impartir conferencias, al principio con gran temor y zozobra, después con un poco más de desenvoltura y segura de mis conocimientos; a participar en seminarios y foros nacionales e internacionales; a escribir en los periódicos, revistas especializadas y libros, pero, sobre todo, a investigar. Me dediqué a la promoción cultural y dirigí, y todavía lo hago, diversas entidades culturales. Aunque al principio mi padre me orientaba y guiaba, después, poco a poco, me fui desprendiendo de su tutela, lo cual no dejaba de producirle cierta satisfacción y alegría. Había aprendido a ser responsable de mi propia inclinación intelectual, sin por eso separarme de él jamás y tenerlo como modelo ejemplar, pues todavía me sigue ayudando cuando necesito un dato o una información, por medio de un conjuro misterioso que solo nosotros conocemos, recibo la respuesta adecuada. 

La más bella herencia que recibí, y que siempre estará en mi corazón y en mi alma, es esa maravillosa biblioteca que me legó, llena de poderes mágicos y grandes amigos, desde la infancia, que hablan siempre que me acerco nuevamente a ellos. Todas sus páginas tienen anotaciones y reflexiones, con letra limpia y clara, y cada vez que abro un libro, vuelvo a recobrar y desplegar la ruleta del “tiempo”. Y mi infancia y mi vida entera vuelven a resurgir.

Soy una mujer satisfecha y agradecida, y como todas, he luchado y he combatido contra la adversidad y los desafíos, tanto externos como internos, que se me han presentado y lo seguiré haciendo mientras tenga un hálito de vida. Lo único que le pido a los dioses es tener armonía, paz, tranquilidad, amistad y amor, mucho amor, como lo he tenido desde el día que vine a este mundo”.

Guatemala, 5 de octubre del 2005.

Siang Aguado nunca dictó ni publicó este texto. Quizás por exceso de pudor, por ser algo tan personal. Lo hallé entre sus documentos después de su larga enfermedad y fallecimiento. Al decidir publicarlo (en varias entregas) consideré que debía ser conocido por propios y extraños como un texto póstumo que muestra lo mucho que Guatemala mereció a los Aguado, y a la vez lo mucho que la familia Aguado mereció a Guatemala.

Siang en especial, que fue un ejemplo de honradez intelectual y personal. La recordaremos siempre como tal y con mucho sentimiento por su partida anticipada.

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Author: Maria Suarez