Desde que soy pequeña he escuchado de los grandes problemas que tiene nuestro país, ya adulta, llevo años de ver los graves problemas de corrupción, falta de educación, salud, pobreza, discriminación, medio ambiente, contaminación, falta de agua, desorden territorial… parece que estamos en una espiral que cada vez nos trae más abajo.
Desde que voto, hace 25 años, siempre la narrativa nos lleva a los menos peores (en lugar de que busquemos a los mejores) que siempre son terribles. Guatemala, sus niñas y niños, los jóvenes que empiezan su vida adulta y a construir su futuro; merecen mucho más. Merecen vivir en la tierra llena de riquezas y oportunidades que los vio nacer, y el sistema perverso actual nos las ha robado. Le damos de comer al sistema y por eso sigue.
Conocemos muy bien nuestros problemas, sabemos el porqué la contaminación está dañando al río Motagua, sabemos por qué el Lago de Amatitlán se llena de basura y sedimentos cada temporada de lluvia y lo estamos matando, sabemos por qué que la corrupción impera en los tomadores de decisiones, sabemos por qué que la educación y salud no tienen ni cobertura ni calidad, sabemos por qué hay migración, y por qué cada vez hay más tráfico y menos agua. Los estudios están, y seguimos acelerando las acciones que traen esas consecuencias.
En el fondo creo que también sabemos el porqué, a pesar de tanto daño que le hacemos a nuestro país con nuestros malos hábitos y antivalores de tolerancia a la corrupción, a la suciedad, a la contaminación, al abuso a menores y a la mujer, a la hipocresía… no queremos cambiar. Es por miedo.
Un miedo grande al cambio, de lo que no nos damos cuenta es que estamos cambiando, pero de forma gradual, agravando las crisis. Eso es lo que más miedo nos debe dar: seguir repitiendo los mismos errores y estar cada vez peor. Locura, decía Einstein, es hacer lo mismo y esperar resultados distintos.
Esta es la llamada que nos hace con urgencia nuestro país, a ser valientes y que no seamos víctimas del cambio, sino provocadores del mismo, que no seamos víctimas del futuro, sino diseñadores del mismo.
Varios países asiáticos nos han mostrado que es posible salir del subdesarrollo, pero se debe decidir salir del mismo y hacer el trabajo social y político que ello implica. Ya empiezan a verse las elecciones 2023, votar por el menos peor, o los líderes que ya han demostrado que nos roban o mienten, no hace sentido. Nos toca exigir candidatos que sean los mejores, si cambia la demanda, la oferta cambiará.
Si conocemos las causas de nuestros problemas, podemos decidir hacer las soluciones que necesitamos, trabajar juntos forma sistémica y enfocada, nos dará resultados en el corto, mediano y largo plazo.
Seamos una sociedad orientada a soluciones y no a sus problemas; el futuro es nuestro, un bien compartido, o le invertimos o le perdemos valor, esta es la decisión que cada uno debe tomar hoy.