El plan, la Alianza para el Progreso, anunciada en 1961 por el presidente John F. Kennedy, inauguró los programas de ayuda de USAID en América Latina, buscando apagar la llama de la revolución en naciones en las cuales las sublevaciones terminaban siendo la única estrategia de cambio posible.
Siguiendo con la carta del escritor Carlos Fuentes, abordada en la columna anterior, en donde explicó que: “en América Latina, la base del poder político son los terratenientes” y dado que el “feudalismo agrario forma las bases de las riquezas y dominio político de las clases gobernantes,” estas jamás cometerían un “suicidio voluntario” al aceptar una reforma agraria. Las reformas agrarias, recordaba Fuentes, solo se logran “a través de revoluciones, con armas en las manos.”
Carlos Fuentes advirtió que las clases dominantes podían engañar a los norteamericanos, pero no a la gente de abajo. Y pudo visualizar cómo desde el inicio los programas de “ayuda”, serían usados por los gobiernos que no representaban a la población sino al orden feudal, por eso, buscaban mantener sus privilegios. Pero, además, le recordó a Estados Unidos la hipocresía de sus políticas, cómo el país del norte imponía las condiciones y los precios del mercado, indicó el extractivismo económico diseñado para beneficiar a ciertas empresas disfrazado de “inversión.” Por eso, Fuentes menciona, en esa misiva, lo “curioso” que resulta siendo de que se hable tanto de las inversiones de la iniciativa privada, pero que la pobreza siga tan rampante.
Sesenta años después, las aseveraciones del escritor siguen en pie. La tierra sigue concentrada en pocas manos, pero, sobre todo, el país del norte sigue manejando su política de ayuda, ahora a través de USAID, sin aprender de sus errores, rehusándose a hacer un análisis crítico de su historia, su legado y sobre todo de sus errores.
La farsa de la inversión, sobre todo la alianza de USAID con el sector privado de Guatemala sigue dominando las políticas y cegando la posibilidad de apostar y permitir las transformaciones estructurales necesarias para lograr el mínimo de cambio en el país. Mientras la Guatemala que sostiene el país se hunde en un gran caos, en parte generado por los sectores de elite y sus marionetas u operadores políticos, quienes se benefician de la impunidad reinante, aun así, la oficina de la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris anunció proyectos de inversión privada para el país para frenar la migración. Algunas de estas empresas inversionistas son Nespresso, la empresa de café sobre la cual se reveló en el año 2020 que tenía a niños como trabajadores en las fincas de café que la surtían. Otra de las empresas dentro del plan de “desarrollo” es el conglomerado Pantaleón, que construirá un parque industrial en la Costa Sur, región en la que ha operado desde mediados del siglo XIX sin contribuir al desarrollo.
Vemos entonces que, el feudalismo agrario sigue rampante y que las elites siguen engañando a algunos, mientras la historia contemporánea indica, con evidencias, que ningún plan de ayuda basado en este modelo podrá tener éxito.