Imagine que usted es un empleado que ha faltado al 50 por ciento de las reuniones obligatorias con la Junta Directiva de la empresa para la que labora. No por razones médicas o excusas personales válidas. Tampoco por vacaciones o por estar laborando en otros proyectos de la misma empresa. Nada de eso. Usted no ha cumplido con el 50 por ciento de asistencia porque no se le ha dado la gana. Y le importa poco. Total, el cheque ha seguido llegando, mes a mes, a su cuenta bancaria. Le siguen pagando por no hacer absolutamente nada. Este claramente es un escenario hipotético, puesto que cualquier empresa o institución seria lo hubiese enviado a la calle por irresponsable y holgazán. A usted lo despedirían, y con toda razón.
Pero es curioso que en instituciones públicas como el Congreso de la República, este comportamiento mediocre y estéril es la norma y no la excepción. Un informe publicado por la organización Alianza por un Congreso Eficiente ha dejado en evidencia que algunos diputados —cuyos salarios pagamos usted y yo, porque en teoría son empleados nuestros— simplemente no llegan a trabajar porque no les da la gana.
Vamos a ello.
En total, 12 diputados faltaron a más de la mitad de las sesiones del pleno que han transcurrido desde enero hasta mayo de 2022. De acuerdo con el informe, los diputados con más ausencias son Leslie Valenzuela de Paz (UNE) del distrito de San Marcos, que ha asistido a 6 sesiones de 45, o sea a un 13 por ciento; Allan Rodríguez Reyes (Vamos —flamante expresidente del Congreso—) del distrito de Sololá, que ha asistido a 14 sesiones de 45, o sea un 31 por ciento; Manuel de Jesús Rivera Estévez (Victoria) del distrito de Guatemala, que ha asistido a 15 sesiones de 45, o sea a un 33 por ciento; Rudio Lecsan Mérida Herrera (Humanista) del Listado Nacional, que ha asistido a 16 de las 45 sesiones, o sea un 36 por ciento. Podría seguir, porque el informe da todos los datos, pero el espacio no me alcanza en esta columna.
Cuando le pregunten por qué este país no avanza, piense que de las 45 sesiones que realizó el Congreso, en 6 de ellas se ausentó más de la mitad de los diputados y 17 sesiones concluyeron sin haber abordado ningún punto de la agenda.
Los partidos Victoria, Humanista, Bien, UNE y Todos son los partidos con los diputados más ausentes e irresponsables cuando se trata de asistir a su trabajo para supuestamente representar a sus electores. ¿Qué pensarán los capitalinos, los sololatecos o los marquenses del actuar de sus representantes? ¿A usted no le importa que cobren un cheque después de no haber trabajado? ¿Quién merece un sueldo si —estando en pleno goce de sus capacidades físicas y mentales y sin excusas válidas— no trabaja? ¿Qué clase de país es este?
Le pregunto: ¿Qué opinión le merece estarle pagando jugosos sueldos a esta gente que, a diferencia de usted, no es capaz de levantarse de la cama para ir a trabajar? Algunos tenemos más de un empleo, otros hacen malabares para llegar a fin de mes, miles de miles salen del país porque no encuentran oportunidades. Las familias se desintegran, se rompen y se deforman porque no hay empleos dignos ni salarios. Pero estos diputados, sin un ápice de sentido común, liderazgo ni empatía en un país pobre, desnutrido, abandonado y corrompido, se dan el lujo de no ir a trabajar. Se lo vuelvo a preguntar: ¿Qué le harían a usted en su trabajo si se ausenta a más del 50 por ciento de las reuniones? Se lo digo yo: lo despiden. ¿Por qué entonces no exigimos que estos diputados —que probablemente ganan más que usted y que en teoría representan al pueblo— pongan los pies en la calle?
Valenzuela, Rodríguez, Rivera (ambos), Mérida, Ixcamey, Alejos, Barahona, Barreda, Castillo, Argueta y Reyes Lee: ¡Despedidos!
@godoyesjd