Defensa de derechos humanos y democracia

Se trata de politicastros en ejercicio. Selectos representativos del octavo círculo de Dante, se corresponden en la escala zoológica a los raptores. Siempre adheridos a poderes militares y económicos. Se les ve activos promoviendo leyes de amnistía en favor de milicos responsables de masacres, secuestros y desapariciones en contra de civiles. Los derechos humanos les vienen guango. Pertenecen a minúsculos partidos políticos. Se suponen inmaculados diplomáticos o presidenciables, esto, ante la carcajada popular. Dados aquellos dotes, son coordinadores y voceros de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la República, desde allí azuzan a sus compañeritos a quemar en pira pública al PDH, Jordán Rodas. 

Estos inquisidores son ampliamente conocidos por su oportunismo y defensa de oscuros intereses. Ya de generalatos venidos a menos, de fallidos golpistas de oropel o del criollismo anquilosado. A ninguno se le conocen aportes sustantivos a la sociedad. A su retaguardia, en singular fila, que va de menos a menos, una cohorte de ocasión, que, solícita, aplaude frenéticamente y aprueba sus malolientes ocurrencias. Pagados con nuestros dineros, dedican su tiempo a defenestrar al PDH. Llevan en eso meses. Sus “razones” son pueriles e ilógicas. Nadie puede explicar racionalmente aquel empeño enfermizo. Todo se reduce a mostrar a sus jefes de kepi y lo más oscuro de La Cañada que son fieles y obedientes. Que están dispuestos a refrendar el mensaje de las cúpulas: el funcionario que cumple con su función y señala las suciedades y horrores de la nomenclatura medieval que administra este feudo debe ser defenestrado, aplicarle cepo y si la ocasión es propicia guillotina. Por eso persiguen a Jordán Rodas. Para —además— encubrir sus incapacidades y mantener entretenido el circo. No han promovido una sola ley garante de los derechos humanos. Por el contrario, promueven la ley “garrote”: que la policía nacional pueda disolver con violencia la protesta ciudadana. Se trata de un círculo de verdugos de la democracia. La historia ya les juzga. El terror les mantiene en vilo. Tanto así que se ven impelidos a sostener ilegítimamente una CSJ solamente para garantizarse impunidad. 

No es esta una defensa oficiosa de Jordán Rodas, no la necesita. Es un testimonio ciudadano del nefasto momento histórico que transitamos. Una voz ciudadana que sintetiza miles de otras voces, que transcribe mensajes de dirigentes populares y democráticos. Que acoge y lleva a prensa la demanda de transparencia, fin de la corrupción y por cerrar, antes que crezca y nos asfixie esta hiedra antidemocrática que aplasta libertades y oprime el desarrollo. 

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Author: Maria Suarez