En este artículo discuto la temática sociológica, política y semántica del “indio vivo” y del “indio muerto” centrada principalmente en Tecún Umán, cuya celebración el día 20 de febrero inicialmente despertó entusiasmo, el cual luego se transformó en temor y más tarde se dirigió a la invisibilización del personaje. Tecún Umán el de las largas plumas verdes, verdes, verdes del poema de Miguel Ángel Asturias nos alcanza en el siglo XXI. No podemos eludir la discusión, aunque en algunos casos esta se torne escabrosa.
En 1960, el Congreso emitió el decreto 1334, por el cual declara el 20 de febrero como Día de Tecún Umán, héroe nacional. Supuestamente, en ese día, del año 1524, de una lanzada en el pecho, Pedro de Alvarado mató al capitán k’iche’. (En sus cartas, Pedro de Alvarado afirma que el día de la muerte de Tecún fue el 12 no el 20 de febrero.) El propósito del decreto fue convertir a Tecún en paradigma nacional, junto con la bandera, el himno nacional y la monja blanca. ¡Tecún Umán referente cultural para todos los guatemaltecos!
Como aquí le ponemos peros a todo (cuando se reúnen cuatro chapines surgen cinco opiniones), ahora algunos afirman que la exaltación a Tecún Umán es, nada más y nada menos, que el festejo del “indio muerto”; el del gran dirigente indígena que, de una vez por todas, murió de una lanzada en el corazón realizada por el conquistador blanco. Según este criterio, el hecho tendría un nefasto y oscuro trasfondo ideológico, porque no solo sería la celebración de la muerte física del indio, sino metafóricamente, también el final del indio con la conquista, lo cual sería emblemático para los residuos de fundamentalistas criollos. Según este criterio, las festividades en honor de Tecún Umán serían así un antihomenaje, una anticelebración.
Si comparamos el caso de Tecún Umán con uno semejante en Estados Unidos, vemos cómo un blanco racista mató al pastor bautista Martin Luther King, dirigente negro, líder de los derechos humanos. El Gobierno de los Estados Unidos decretó asueto el día de la muerte de King, que hoy figura entre los grandes héroes del imaginario estadounidense, menos en el de los supremacistas blancos a los que desde la Casa Blanca Donald Trump les dio alas. Nadie allá dice que es la conmemoración del “negro muerto” (lo mató un blanco racista), en vez de la “negro vivo”, ni nadie la considera anticelebración, antihomenaje, ni tampoco como el triunfo del blanco sobre el negro que exaltaría la superioridad del primero sobre el segundo. Las comparaciones aclaran o confunden. En este caso arroja luz.
Estados Unidos es un país del primer mundo no solo económicamente, sino también en cuanto a conceptos y modernidad, en tanto nosotros somos tercermundistas en toda la extensión de la palabra y del concepto. Tercermundistas inclusive en el sentido peyorativo del término.
Después del terremoto de 1976, cuando la guerrilla empezó a reclutar adeptos y combatientes entre los indígenas del altiplano, ante el temor de que una alianza de estudiantes revolucionarios e indígenas convirtiera a Tecún Umán en una figura subversiva (tan emblemática como la del Che Guevara), el Estado guatemalteco le bajó volumen a las celebraciones de Tecún Umán. Este no podía convertirse en el Gran Guerrillero, como aconteció en Perú con Túpac Amaru. Para opacar la figura del capitán k’iche’, nieto del Rey K’ikab, en 1978 el Congreso emitió el decreto 66-78, el cual estableció como Día de la Marimba el mismo en el que se celebra a Tecún. ¡Nuestra querida marimba eclipsando a Tecún! En 1999, por medio del decreto 31-99 el Congreso declaró a la marimba instrumento patrio. Una imagen de Tecún Umán fue puesta en el billete de menor denominación, el de cincuenta centavos, el cual, después de años de uso, fue sacado de circulación. Tecún no ha levantado ya cabeza.
Ahora, en algunas élites persiste el temor de que Tecún pueda convertirse en el símbolo de una revuelta política de reivindicación indígena fundamentalista de carácter neomarxista, bajo el paraguas ideológico del socialismo del siglo XXI del teniente coronel Hugo Chávez.
Hace algunos meses recibí el siguiente meme. Figura el rostro de Tecún con este texto: Tecún Umán viéndote decepcionado cómo te peleas por equipos de fútbol españoles. Me pregunto: ¿alienación? ¿Globalización? ¿Ambos? ¡Del carajo!
El pintor Fernando Valdiviezo realizó un dibujo en tinta en el que figura Tecún Umán cargando una serie de maletas. Según el artista se trata del hombre moderno y transculturizado disfrutando los placeres del viaje. Ese dibujo me entusiasmó (inclusive figurará en la carátula de mi próximo libro que saldrá a luz en octubre) porque imaginé que en sus maletas, Tecún lleva el bagaje cultural y cosmovisión maya-k’iche’, sus experiencias en la vida colonial y republicana, en el momento de emprender ahora un periplo por la modernidad y el mundo globalizado. Tecún moderno símbolo de unidad, no de división. Aunque tanto biológica como culturalmente Tecún fue indio k’iche’, en algún sentido nos engloba a todos los de un país que es hoy biológica y culturalmente mestizo. Con Luis Cardoza y Aragón digo que no tengo nostalgia por Tecún Umán ni por Pedro de Alvarado. Yo solo tengo nostalgia por una Guatemala que se evaporó. De una lanzada, los gobernantes mataron al país. Con la sangre de Guatemala, el quetzal volvió a teñir de rojo las plumas de su pecho.