En las últimas semanas, tres hechos resonaron en la opinión pública como daños al patrimonio del Centro Histórico. El 9 de julio se produjo la destrucción de la estatua de Isabel la Católica, en el parque homónimo. Luego, el 14 del mismo mes, desde el Cerrito del Carmen se anunció la destrucción de una pintura de la Virgen de Guadalupe. Además, el 16, el colectivo Pie de Lana denunció que la pintura de San José (ubicada en el tanque del mismo nombre) también había sido destruida.
Este, por supuesto, no es el único caso de vandalismo o destrucción de patrimonio. No lo es en Guatemala, mucho menos en el mundo. La eliminación de las estatuas, los edificios, las pinturas que marcan la identidad de una población ha sido una práctica común a lo largo de la historia como una forma de sometimiento. En las guerras, por ejemplo, es una de las victorias más simbólicas, una de las formas de violencia más profundas, que un grupo puede ejercer sobre otro. Los templos tibetanos, las estatuas budistas, las ruinas romanas, los tesoros mesopotámicos y tantos otros bienes son prueba de ello —en este siglo, el pasado y los anteriores—.
Pero lo que pasa en el centro parece ser distinto. Veamos. Para comenzar, es claro que los objetivos son muestras del catolicismo: una reina (que a ojos descuidados podría parecer una virgen), San José y la Virgen de Guadalupe. Pero si nos adentramos en los detalles, cosas interesantes emergen para el análisis. Vale la pena notar que los tres hechos se han producido en la misma porción territorial de la zona 1, al norte, más allá de 3a. calle y sin rozar la 7a. avenida. Los ataques se han producido siguiendo un patrón de movimiento de occidente a oriente y el tipo de daño es similar —quizá realizados con el mismo objeto—. Se intuye, entonces, algo sistemático. Podría ser algo local, pero no podemos dejar de lado que en los últimos meses varias figuras religiosas han sido destruidas en otras partes, como la zona 16.
¿Qué hay detrás de estos actos? Podríamos hablar de la pérdida de identidad o la afrenta a la creencia de las y los usuarios de estos bienes, pero pareciera ser algo más. Por el tipo de evidencia que descarta el robo, la destrucción emerge como el objetivo principal. La pregunta, además de quién o quiénes, es con qué motivo. Es un caso detectivesco para las autoridades… y esperamos respuestas, antes de que haya una nueva víctima.
@morenodeleongt