La vida entre egoístas y conscientes

Cuando experimentamos momentos de crisis o de conflictos inesperados, ya fuere en lo personal o profesional, por instantes nos vemos despojados de la suficiente claridad y fuerza para enfrentarlos. La desolación aparece y es cuando buscamos el enfoque propicio, la ayuda necesaria para salir del desequilibrio, la mente busca, los ojos buscan y hasta nuestros sentimientos de solidaridad quieren encontrar el alero que se anhela.

Emergen y sobresalen, en esta época, dos prototipos de personas:  Los egoístas, utilitaristas que embaucan y se aprovechan de la fragilidad de la circunstancia, para obtener su propio beneficio; en comparación con los que se entregan ayudando con voluntad y conocimientos a quienes se les acercan en un estado de angustia y confusión.  Muchos ven el conflicto ajeno como un espacio para su arribismo y los otros como una oportunidad para expresar su sensibilidad fraternal.

Como reflejo de un sistema tan permisivo legal y moralmente, nos están sometiendo a depender de un círculo de individuos que sacan provecho de cualquier oportunidad, buscan exageradamente lo material, se acomodan a la codicia y al engaño, se esfuerzan en mantener una imagen esquematizada de puritanos y aprenden a engrasar conectes como estrategia para pertenecer y escalar socialmente. 

Al mismo tiempo, la vida nos sorprende cuando conocemos a personas sensibles, solidarias en el bien, sostenidas en auténticos valores humanos, que ponen atención para darse cuenta qué está sucediendo. Por su capacidad, tienen la claridad de pensar en qué hacer para sacar adelante la situación. Nos dan confianza y tranquilidad.  Acompañan orientándonos hasta volver a evidenciar un equilibrio. Incentivan para tomar como solución decisiones personales. Además, despiertan una gran admiración y gratitud. Responden con humildad. ¿Se ha cruzado por su vida una persona consciente? Una fortuna.

Como guatemaltecos, nos caracteriza la hospitalidad y el apoyo solidario cuando un ser cercano o ajeno se encuentra en aprietos. No importa si se trata de la enfermedad del amigo, una emergencia del vecino, un accidente en la ruta o un robo callejero. Por otro lado, nos encontramos poco respaldados por los servicios públicos por estar acaparados en las redes de egoístas y vemos cómo nos las arreglamos. Se necesita más que eso. 

El reto es para que entremos al círculo de personas conscientes. Los que no abandonan, quienes enseñan que tener valores significa tomar acciones determinadas para hacer el bien. Personas que podemos ver como un ejemplo de humanismo real, que no se regatea, ni se puede falsear.

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Author: Maria Suarez