Como un concierto de fracasos o anatemas que van cayendo en nuestra amada Guatemala, los colapsos provocados por la ineptitud y el saqueo que caracteriza al poder en el estrado, emergen, se notan y apuntan directamente a nuestras vidas. Testimonian y confirman que las oportunidades de conducirla se le entregan a un encadenamiento de seudo funcionarios ineptos, incapaces y saqueadores que, en su mayoría, mal entienden lo que significa la función de un ministro o de un secretario general de las instituciones de gobierno.
Sus protagonistas son una mal llamada “clase política” que auténticamente son clicas de seudopersonajes que, más que profesionales capaces, llegan al poder como maleables peones de otros grupos que los financian y que saben cobrarles al cien por uno los millones que invierten en comprar su nicho a corredores expertos que manejan los contratos, las asesorías y hasta las plazas fantasma que fluyen sin control de cualquier representante de la Contraloría General.
Los más cercanos a los mandatarios representan un séquito de familiares y amiguetes incondicionales y, en muchos casos venales, que practican la artimaña del servilismo, la mentira, la improvisación y se olvidan de cualquier principio de honestidad. Son los que más daño causan a la saqueada y desatendida sociedad guatemalteca. Por el contrario, son la comparsa indispensable para cobrar comisiones a contratistas, a empleados de menor escala y a cualquier ciudadano que asome su nariz presentando su pequeña o gran empresa en una licitación que, anticipadamente arreglada, se hace para los millonarios contratos, que favorecen a las empresas de diputados o excongresiles reiteradamente, sin dejar huella.
Como reza la sentencia “Nada hay oculto entre la tierra y el sol”, el fracaso de esas gestiones gubernamentales de pantalla cobra a todos, esas engañifas. Todos sufrimos las consecuencias. Hemos pagado y pagamos impuestos para transitar por una red de carreteras abandonadas, destruidas, con tramos de fatalidad donde los vehículos se destruyen y miles de vidas se arriesgan y se acaban por salvar más baches que pavimento.
Tan solo un ejemplo: Si quiere movilizarse de Huehuetenango a la capital, vaya apartando ocho horas, si es que llega. Mientras a Benito le salvan sus ‘tamaletas’ y al actual ministro de Comunicaciones hasta le pasarán dinero de los hospitales, para que siga haciendo contratos con las empresas que ganan millones y no hacen nada para rescatar o completar carreteras.
Los saqueos más descarados cometidos por gente de confianza de ‘Giamma’ y los dos gobiernos que le antecedieron, no son personas honestas, mucho menos capaces. Simplemente, achichincles del poder que destruyen la patria y se venden a sí mismos.