Por estas noches y después de terminar varias partidas de Catan, alargamos una curiosa conversación que desembocó en los rocambolescos intríngulis de la administración pública del Estado. Mi buen amigo, su esposa, y mi esposa, indicaba que sabía de un director de una institución que se había quedado con una muy jugosa ganancia al utilizar las finanzas asignadas a su unidad, en una triangulación, entre petros, bolívares y dólares. -¡Legalito! señor, Juan. De inmediato mi esposa, con su característica severidad académica, respondió. -¡No, señor! Eso no puede ser legal. Eso es un vulgar robo a la nación.
-¡No! Es que ustedes no saben de eso. Eso se puede hacer y no es robo. Ripostó nuestro amigo. Eso se está haciendo desde hace tiempo. –Fíjese que en esas transacciones las asignaciones que son de esa dirección quedan igual al final de cada semestre y no falta nada.