Ser, estar, conocer y saber

Siempre he pensado que, si el conocimiento no nos sirve sobre todo para transformarnos a nosotros mismos y para ayudar a que los seres humanos se desarrollen mejor y más equilibradamente en todos los aspectos, entonces el conocimiento no sirve para mayor cosa. He conocido a tecnócratas con títulos académicos rimbombantes y con estatus sociales elevados, con habilidades intelectuales extraordinarias, pero que carecían absolutamente de sensibilidad, de apertura y de razón en lo que pensaban y creían. Conozco, en cambio, personas sin mayores estudios que, cuando hablan a partir de la experiencia y de la curiosidad vital, transpiran apertura y sabiduría. Y es que tener atributos o títulos no es lo mismo que tener conciencia de lo que se es y afirmarse en su identidad sin golpes de tambor.

De allí la diferencia entre ser instruido y saber, entre ser y estar, y entre el ser y el tener. La mayoría de actividades universitarias y profesiones técnicas requieren de conocimientos y de habilidades, pero no exigen mayor profundidad o relieve en el enfoque que le dan a la vida, el cual suele reducirse a promover y ensalzar las actividades meramente reproductivas y consumistas situadas en la inmediatez y en la superficialidad de las experiencias. Igualmente sucede con la mayoría de tecnócratas y de políticos, de empresarios, asesores y directores de instituciones, bancos y empresas: tienen una mirada extremadamente miope y plana de la realidad.

¿Qué pasa por lo general cuando se carece de sensibilidad, de profundidad y de sentido comunitario? Que estos valores esenciales se ven opacados por la prevalencia de lo que podríamos llamar intereses privados o tribales inmediatos y materiales, que se expresan fundamentalmente en luchas de poder y en conflictos diversos a través de los cuales el pez grande se come al chico, y en los que la competencia y no la cooperación son el mecanismo pedagógico dominante. Lo que falta entonces, sea en una pareja, en un grupo o entre países, es la prevalencia de la sabiduría, o sea, la inteligencia de la vida.

El ser y el saber tanto individual como social deberían propugnar, ante todo, por dirimir las contradicciones y diferencias que se dan entre personas y entre países a través del diálogo, la mediación y la búsqueda de acuerdos, porque de lo que se trata es de desactivar conflictos, y no de generar más conflictos. En el enfrentamiento entre Rusia y Estados Unidos a través de Ucrania, por ejemplo, no es con más sanciones y más armas que se logrará la paz, porque las soluciones del problema no son estrictamente militares. Pero por lo visto, semejante nivel de lucidez, de independencia y de dignidad, la mayoría de los dirigentes de los países europeos ya no lo tienen, pues se han dejado vampirizar totalmente por la OTAN.

Clique aqui para el articulo completeo

Author: Maria Suarez