No es un secreto que los migrantes guatemaltecos son un problema para los EE. UU., pues no a todos les puede proporcionar un empleo, salud o educación. Aunque hijos de migrantes tienen educación y ciertas áreas de salud. Y ello cuesta dinero a los contribuyentes de ese país. ¿O creemos que los gringos están obligados a resolver problemas que nosotros no queremos enfrentar y resolver?
Un ejemplo basta: Acisclo Valladares, confeso de lavado de dinero, desde 2014. En esos años se crea Plan para la Prosperidad (PPP), ideado por los EE. UU. para invertir en el Triángulo Norte —hasta unos 10 o 15 mil millones de dólares—, con el fin de evitar flujos migratorios. Pues bien, el encargado del plan no era otro que Acisclo Valladares Urruela. Algo como para que los gringos se sintieran estafados. Casi toda la institucionalidad del Estado chapín estuvo comprometida en la euforia por los fondos a recibir. Mientras, el Gobierno y el sector empresarial hacían cuentas alegres sobre los negocios que podrían hacerse con Acisclito como encargado del PPP. La idea que rondaba era simple: que los gringos pongan plata y nosotros hacemos negocios. Finalmente, ante la inutilidad nacional y las reservas de los gringos, el PPP terminó sin pena ni gloria. Lástima, pues la migración se incrementó.
Acisclo quería usar la plata gringa, poca o mucha, para sus negocios y para lavandería. Y los gringos, que babosos no son, optaron por ponerle freno al plan y ahora sabemos que Acisclo, preso en los EE. UU., es culpable de corrupción. Pero mientras tanto el flujo de migrantes continúa. Así las cosas, y entre otras muchas razones, es que nace o se crea la Lista Engel chapina. Es por personajes como Acisclo o escándalos como la gallina con loroco. ¿Así o con peras y manzanas?
Otro caso más dramático aún. Ante la pandemia del COVID, el Gobierno guatemalteco, limitado de ideas y acciones como es, se encontró con una situación que no pudo nunca controlar. Compró vacunas en un pésimo negocio (Sputnik) y luego, ante la emergencia, sus queridos aliados enviaron millones de dosis en donaciones. Pero la corrupción y la inutilidad son tan altas que se perdieron 8 millones de dosis y la salud de la gente, bien gracias. No es ocioso decir que ante esta muestra de estupidez los gringos afinan la Engel.
Ahora hay amenazas de sanciones económicas. Y los gringos lo pueden hacer con una mano en la cintura. Para ello está el TLC firmado a puro chaleco. Y las sanciones van desde limitar la cuota de azúcar o café chapín, por temas ambientales, por ejemplo. Las excusas abundan. Un hongo en la caña, o en las berries, o en el pollo frito, la roya, o donde crean necesario. Solo piensen en el capítulo laboral que el país del norte puede invocar, pues Guatemala es violadora sistemática de los derechos laborales que existen en EE. UU. y aun en el TLC, así de jodidos estamos. Entonces la disyuntiva es así, ¿los guatemaltecos rechazamos la lista o exigimos medidas concretas, aquí y con las leyes de aquí, a los nominados en la mentada y traída Engel? ¿O, por el contrario, defendemos la “soberanía” de la impunidad y la desvergüenza?