La urgencia de salir del “Sálvese quien pueda”

Guatemala debe encontrar, en forma urgente, el camino para salir del “Sálvese quien pueda” si aspiramos a un nivel de bienestar mayor y a forjar una sociedad más humana, solidaria, próspera y equitativa. Cada país es reflejo de los valores comunes, las creencias arraigadas y visiones de futuro que se compartan. No de los discursos de sus políticos o de documentos teóricos.

Hace pocas semanas estuve de visita en Noruega y me dio envidia de la buena, escuchar la forma en la que se refieren del país, gobierno, instituciones y los valores de justicia, sostenibilidad y solidaridad, en sus opiniones. Con quienes conversamos, reflejan la importancia de privilegiar el “bienestar general” sobre los intereses particulares y lo reflejan en la conservación de sus ríos, lagos, bosques, enfoque en la energía limpia, sistemas de infraestructura y de logística interna, el acceso a la educación y la salud, así como el convencimiento que sus contribuciones impositivas tienen buen uso y que los niveles de transparencia en el gasto público son elevados. Un contraste importante con Guatemala. Siempre se encuentra a quienes opinan que es un poco excesivo el rol e injerencia del gobierno en la vida de los ciudadanos y la pérdida de ciertas libertades. Esto es importante, porque el estado de bienestar no debe afectar la libertad, sino equilibrar la libertad individual, como motor de realización, y el estado de bienestar, como objetivo colectivo.

En nuestro caso, los valores reales, no los escritos formalmente, parecieran ser la admiración del “vivo” sobre el respetuoso, el “haragán” sobre el disciplinado, el “irresponsable simpático” sobre el trabajador introvertido. Las creencias arraigadas son que todos los gobernantes son corruptos, al gobierno se llega a obtener privilegios y riqueza, y lo que es público no es de nadie, sino del que se lo apropia. Y, lo peor, la visión que el pasado fue mejor que el futuro. En este entorno es difícil crear condiciones de cara a un mejor futuro porque no se juega con la actitud de juegos infinitos, de vivir con un propósito noble, de buscar acuerdos ganar-ganar y de respetar al individuo, algo que decía bien Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Con la actitud de “Sálvese quien pueda” seguimos destruyendo el tejido social en lugar de fortalecerlo y crear una sociedad de bienestar y paz. Todavía estamos a tiempo para el cambio, pero es hora de actuar.

Cada quien es responsable de su entorno directo y los valores de la familia. Es su responsabilidad crear los valores correctos, actitudes de esfuerzo y dedicación, una visión de futuro que sea positiva, competitiva y de éxito, siempre con un corazón abierto a la solidaridad y el bien común. Una actitud ganar-ganar. Y esto trasladado al ambiente laboral e institucional puede ser la chispa que permita avanzar a nivel nacional, ya que al final, todo nace de la persona y la familia, no del Estado o menos de los políticos.

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Author: Maria Suarez