Las otras dictaduras

Esta palabreja está de moda y se ha manoseado tanto, que se ha vuelto imprecisa y hasta ha perdido su significado original. Hoy, para las personas poco ilustradas, cualquier nación que no siga los designios y no apruebe las políticas del Gran Imperio, o las de sus obedientes socios europeos, es considerada automáticamente como una dictadura. Sin embargo, hay en el mundo dictaduras de diverso grado en las que las libertades políticas y jurídicas están muy restringidas y donde se cometen graves atentados contra los derechos humanos, pero que, tan solo por mantener buenas relaciones comerciales con el Gran Brother y apoyarlo en sus posicionamientos geopolíticos, nunca son cuestionados por la denominada “comunidad internacional” (o países “occidentales”), que incluye únicamente una cincuentena de naciones, entre las ciento noventa que existen en el mundo.

Pero no quería hablar aquí de esas dictaduras, algunas de las cuales conservan un disfraz de democracia e incluso se arrogan el derecho de querer dar lecciones de gobernanza a otros países que intentan salirse del corsé imperial. Fuera del ámbito de la política, tenemos dentro de las dimensiones meramente económicas y culturales en los países llamados occidentales, un sinnúmero de fenómenos que yo llamaría dictatoriales, y que son tanto o más sibilinos y constringentes, que los de la esfera política y jurídica propiamente dichas (aunque en rigor, están vinculados con ellas). Toman la forma de una o varias “modas” que atañen sobre todo a las prácticas del consumo de bienes, y van desde lo material hasta lo estético, pasando por diferentes áreas de la conducta humana, modas ante las cuales es muy difícil zafarse, so pena de ser criticados o incluso marginados. Detrás de la apariencia de una gran libertad para elegir los productos a consumir, al final de cuentas resulta que todos vienen a ser prácticamente variantes de lo mismo, y las diferencias estriban muchas veces tan solo en un asunto de marcas publicitarias.

Quizá las dos grandes dictaduras “invisibles” más fuertes que existen hoy en el mundo occidental son, además de la estatal, las de los grandes medios privados de comunicación a pensamiento único, y las de la publicidad a pensamiento falso, todas perfectamente complementarias y simbióticas, hechas para crear un universo de narraciones fantasiosas que nos inducen a darle verosimilitud y aceptación a la realidad dentro de la cual vivimos, con el agravante, además, de hacernos creer que nuestras decisiones son libres y contribuyen a nuestra realización personal, tanto material como espiritual. Son las paradojas del capitalismo: a más “desarrollo”, más uniformidad, y a más uniformidad, más invisibilidad, y a más invisibilidad, más aplastamiento de la conciencia crítica. ‘That’s it’, así está la cosa, puesss.

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Author: Maria Suarez