Memorial para una taza (o el futuro que seremos)

Un amigo me regaló hace un tiempo una taza que, a mis ojos, resulta hermosa. De confección simple, está decorada con la imagen que adorna un vaso maya polícromo. Recrea su forma y acomoda en el contorno las inscripciones y las figuras de los personajes poderosos de antaño. No puedo recordar cuántas veces tomé café en ella, cuántas la lavé o cuántas me quedé mirando sus dibujos peculiares. 

Unos días atrás, estando en la cocina, cayó al suelo por un mal movimiento y se rompió. 

Más allá de la pena por perder uno de mis objetos más preciados (algo que valoro por su infinita capacidad de mostrarnos cómo resignificamos ciertos objetos cotidianos hasta hacerlos parte de lo que somos), me llamó mucho la atención la forma de los tiestos resultantes. Uno de ellos, en particular, me cautivó desde que lo vi. De aspecto semitriangular, con los bordes ásperos, conservó aún visible una parte de la inscripción y algunos detalles de color. 

Inmediatamente mi mente se trasladó a los museos y pude reconocer en este pequeño objeto roto las mismas formas que se exhiben en vitrinas o se guardan en bodegas como registros del pasado. Fue entonces cuando terminé de hacer la conexión. Esos pequeños tiestos de museo, con incisiones o pinturas aún visibles, alguna vez también fueron el utensilio cotidiano de alguien más. 

De los gobernantes mayas conocemos algunas de sus posesiones más valiosas, platos con desgaste por uso, vasos y cuencos nos hablan de su vida y hasta nos dicen el nombre de su propietario. Pero en contextos arqueológicos, los tiestos comunes, los de los platos, vasos y cuencos de la mayoría de la población, aparecen por miles. Jamás sabremos a quién pertenecieron, pero resisten al paso del tiempo como prueba de una persona anónima que alguna vez los usó y –quizá– los rompió accidentalmente. Me fascina la idea de que él, o ella, sintiera la misma pena que yo. En cierta forma, con milenios de distancia, nos conecta como seres humanos. 

Esto seremos en el futuro, un recuerdo anónimo contenido en nuestros vestigios. La taza, irreparable, se fue a la basura envuelta en papel. El tiesto se quedó conmigo; ahora adorna mi escritorio, como recordatorio y como promesa. 

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Author: Maria Suarez