Ver más lejos con el Webb: a hombros de gigantes

Nos dice Stephen Hawking en su narrativa de las grandes obras de la física y la astronomía que Isaac Newton escribió a Robert Hooke en 1676: Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes. Se trataba en ese entonces sobre sus descubrimientos en óptica más que sus trabajos alrededor de la gravitación y las leyes del movimiento. ¡Y vaya que la óptica ha saltado hoy con el fruto del telescopio Webb!

Los hombres y mujeres de ciencia vienen dando pequeños pasos que abren surcos de entendimiento. Es por ello que a algunos de nosotros nos interesa tanto el concepto ese de bien público, principalmente el que apuntala comportamientos humanos y colectivos y avances en todos los laberintos de resolución de necesidades humanas: desde la biotecnología hasta la astrofísica, pasando por los inventos más audaces del mundo de hoy, que hoy son verdaderas aventuras organizacionales y científicas de gran calado, y grandes alianzas público-privadas.

Me he pasado el domingo por la tarde observando las primeras imágenes del Telescopio Webb, que tienen una resolución 100 veces más alta y perfecta que el Hubble que nos abrió dimensiones inimaginables en el conocimiento. El Webb es producto de una alianza compleja de académicos, políticos y científicos europeo-norteamericana.

Se trata de una inversión de 10 billones de dólares, todo ello liderado por la NASA, que como bien sabemos es la agencia espacial de los Estados Unidos de América. Se trata así de la plataforma científica más onerosa de la historia. Todo un notable esfuerzo de técnicos, ingenieros y científicos, pero también de altas decisiones estatales del mundo desarrollado para mirar hacia atrás en el tiempo, y detectar las primeras galaxias conformadas después del big bang. ¿ Cambiará ello nuestro entendimiento del universo y de nosotros mismos, para ser por lo menos más humildes?

Las primeras imágenes nos han revelado detalles nunca vistos: la gran nube de Magallanes —galaxia satélite de la nuestra—, la nebulosa Karina, situada a 7 mil 600 años luz de la tierra, colmada de estrellas jóvenes y otras llegando a una gran explosión, o supernova, que es lo que también le irá pasando a nuestro sol, extinguiéndose gradualmente en los próximos 5 mil millones de años. Como vemos, se trata de megacifras, poco comprensibles para el común de los mortales, enfrentado a los retos, desafíos y desviaciones ideológicas y demás del entorno diario. 

Como bien nos lo decía Carl Sagan: el universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más grandioso, más sutil, más elegante. La ciencia moderna bien debiera motivar a un sobrecogimiento de los credos convencionales. Y es que nos estamos acercando a una mejor comprensión del origen de la vida y rememoramos lo difícil de aquellos tiempos en que Giordano Bruno afirmó que el espacio podría no tener límites y que nuestro sistema solar podría ser uno entre muchos más, lo que le costó la hoguera inquisitorial. Hoy, estos próximos veinte años de investigación con el Webb nos mostrarán tópicos contundentes que debieran revolucionar, para que la humildad nos haga buscar soluciones conjuntas, no solo solventar nuestras diferencias ideológicas, sino trabajar con eficiencia y urgencia en la preservación ecológica de la cual depende la sobrevivencia de nuestra especie y de la humanidad…

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Author: Maria Suarez