La prensa nacional ha vivido una larga historia de hechos violentos que han revuelto el ánimo de la población. Uno de estos trágicos y deleznables acontecimientos fue el asesinato el 1 de octubre de 1944 del periodista y director del diario vespertino El Imparcial, periodista Alejandro Córdova, ferviente opositor a los gobiernos liberales de los generales Jorge Ubico y Federico Ponce Vaides.
En la mañana temprano se esparció la noticia de la tragedia y los detalles de la muerte de Córdova: El periodista y su amigo Fredy Koenisberger, dueño de la Ferretería el Candado Dorado, habían asistido a una reunión social que terminó de madrugada. Koenisberger condujo en su cadillac a Córdova de regreso a su casa, y en el momento en el que se dirigía a abrir el portón de su residencia, ambos fueron abatidos a balazos. Córdova vivía en las afueras de la ciudad, por la Diagonal de la zona 10, en la Villa de Guadalupe, en un chalet llamado Las Gardenias, que fue donde sucedió la tragedia.
Guatemala entera enmudeció con la noticia, pues Alejandro Córdova era un periodista de mucho prestigio y de ideas claras contra el régimen. Repentinamente, los guatemaltecos revivieron como pesadilla las persecuciones del pasado, los fusilamientos en juicios sumarísimos, las torturas, la ley fuga y todas las fórmulas represivas sustentadas durante los gobiernos dictatoriales, comprendiendo que, aunque el general Ubico ya había dejado el poder, la tiranía continuaba en manos de su sustituto Federico Ponce Vaides, puesto a dedo por quien había renunciado.
El día después del asesinato de Córdova, el muñequito de El Imparcial, una caricatura que era a la vez conciencia y voz del pueblo guatemalteco de entonces, apareció mudo, sin palabras, en señal de duelo por el asesinato de su director, mientras la gran mayoría de guatemaltecos acusaba en voz baja y temerosa al gobierno provisorio del general Ponce Vaides como supuesto responsable del crimen.
El descontento y la desesperanza se generalizaron entre la gran mayoría de los guatemaltecos, aumentando el temor a más hechos de violencia sin sentido, porque se comentaba a voces que Ubico ya estando fuera del Palacio Verde, seguía gobernando desde su residencia en la 14 calle, y que Ponce Vaides no era sino un fantoche del antiguo tirano y de su partido el Liberal Progresista.