Como decía la semana pasada, en la balanza de la política exterior reciente de EUA, el viaje de Nancy Pelosi ha hecho más por la imagen de EE. UU. en los dos últimos años que toda la administración del presidente Joe Biden. Las críticas al mismo por parte de la oposición republicana son gajes del oficio y el argumento conservador de “provocamos por gusto a China” es hipócrita e ignorante si tomamos en cuenta que China lleva poco más de ocho años provocando a propio y extraños hasta que se les ponga un alto. Trump lo hizo en su momento y ahora lo hizo su verdadera archirrival, que además reafirma su posición como la figura más poderosa del Partido Demócrata. Este último punto resulta importante si tomamos en cuenta lo desastrosa que ha sido la administración Biden. Según CNN, la cadena noticiosa liberal más inclinada al Partido Demócrata, más del 75 por ciento de afiliados al Partido Demócrata no quieren que Biden busque la reelección. Peor aun, la vicepresidenta Kamala Harris tiene números de popularidad menores a los de Biden según el L. A. Times (26/7/2022).
Pelosi, que después de la debacle de “su majestad” Hillary Rodham Clinton en las elecciones del 2016 asumió las riendas del Partido Demócrata, fue la arquitecta de la campaña y victoria de Biden y Harris. Ahora que las cosas van mal, sabe que tiene que hacer algo. Su viaje logró su objetivo: una China enojada por la visita de la representante de la Cámara Baja, que en la sucesión presidencial es la segunda persona más importante, y que también es ya una mujer de 82 años. La reacción de Beijing fue la del típico bravucón cobarde y los medios siguen tratando el tema. Los demócratas tienen su dilema: ¿qué hacer en el 2024? Pero no están solos.
Donald Trump sigue siendo la figura más popular del Partido Republicano. Su discurso populista aplasta a cualquiera que se le oponga como ha sido el caso del ex vicepresidente republicano Don Cheney y su hija Liz, congresista por Wyoming. Pero, por ley, Trump puede ser reelecto una vez, o sea, de ganar la presidencia en el 2024 solo tendría cuatro años de gobierno, lo que da lugar a una reagrupación del Partido Demócrata, seguramente bajo otro liderazgo, lo que preocupa a ciertas bases republicanas que ven a otras figuras más jóvenes como una mejor opción y dejando a Trump en posición de king maker. La cuestión es que acepte, pero pareciera que los demócratas le apuestan, a pesar del desastre que atraviesa Biden y compañía, que nuevamente sea Trump su contrincante.
El reciente cateo por parte de autoridades federales de la casa de Trump en el residencial Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, solo ha servido para alimentar el discurso populista de Trump en contra de los opresores en Washington D. C., a quienes previamente se refirió como el pantano. Las críticas de los demócratas en el gobierno y los medios alimentan a la figura de Trump, que siempre acepta retos, el dilema es si veremos o no un segundo round de Biden contra Trump.
@robertoantoniow