El poder y el amor son dos polos que se tocan. La historia está llena de anécdotas desde Cleopatra a Fracoise Hollande, expresidente de Francia, pasando por il Cavaliere Silvio Berlusconi, famoso en Italia por organizar en su lujosa mansión las fiestas bunga bunga con bellas modelos en sus tiempos de Primer Ministro, llevándolo al precipicio político. Los antecesores de Hollande también tuvieron su affaire. Resalta Giscard D´estaing, quien conduciendo un Ferrari rojo en París, acompañado de una bella dama, colisionó con el camión de un lechero a las cinco de la mañana. El escándalo fue mayúsculo. Por algún motivo desconocido, los lecheros siempre salen bailando en los líos de faldas. La excepción fue monsieur Rompiche, el lechero de la Antigua, dándole guaruras de Arzú una paliza por estorbar con su bicicleta al rey, sin mayor explicación ni derecho a vivir resentido. Hollande hizo vida en común con una guapa periodista, hasta que lo sorprendió un fotógrafo visitando a la joven artista Julie Gayet, su nuevo amor, poniendo en jaque a la ségurité. Su expareja, sumida en un mar de lágrimas, fue a parar al hospital con un soponcio de película, es claro que la causa no fue un simple polvo de harina en el rostro, por lo que no usaron ambulancia para trasladarla al nosocomio. La prensa rosa se dio un banquete con su conquista de gallo fino, diciendo las buenas y malas lenguas que seduce a las mujeres con un encanto escondido que da envidia. Julie fue la cuarta en línea hasta que aparezca la próxima, tomando en cuenta que en los misterios del amor no hay quinta mala… Días después, Hollande compareció ante la prensa y, fresco como una lechuga, dijo: Lámour cést fini, y a otra cosa mariposa.
La crítica de los políticos de oposición fue severa por el repentino cambio de bando, diciendo que se acostó socialista y amaneció liberal, adoptando decisiones que favorecían a los empleadores, en detrimento de los trabajadores. Los franceses valoran la privacidad de los gobernantes, exigiendo respeto. Lo cierto es que cuando en Francia pasa algo, trasciende al mundo, empezando por la revolución y su lema liberté, égalité, fraternité, convertido gracias a monsieur Hollande y otros, en liberté, égalité, infidelité, según la docta opinión de periodistas que saben lo que dicen y lo que no dicen. En todo caso, les viene del norte lo que hacen y dejan de hacer los presidentes en su vida privada, siempre y cuando sus beneficios sociales estén al día. Distinto es en la democracia gringa por su origen religioso, llevando los puritanos a la hoguera al que se salta las trancas. Pasó con Bill Clinton y al general David Petreus, costándole el cargo con todo y su colección de medallas ganadas en el campo de batalla. Al final, la única que perdió fue la del amor…
En las décadas de los 40, 50 y 60 del siglo pasado, el gallo del jet set fue el playboy dominicano Porfirio Rubirosa, a quien tuve el gusto de conocer. Divorciado de la hija del dictador Trujillo, sedujo estrellas como Ava Gardner, Kim Novak, Marilyn Monroe, Zsa Zsa Gabor, etc., y dos de la mujeres más ricas del mundo: Bárbara Hutton y Doris Duke, heredera de American Tobacco, recibiendo por el divorcio millones de dólares, finalmente se casó con la actriz francesa Odile Rodin. Fue embajador en Argentina y Europa, jugador de polo y piloto de autos de carrera, participó en 1955 en el gran premio de Bordeaux. Dotado del don de la palabra, era famoso por el calibre de su arma sin gustarle que le maquillaran el Aniceto. Vestía trajes a la medida de los mejores sastres de Londres y París y, con el encanto irresistible de un dandi, seducía a las mujeres, diciéndoles con afecto toujurs prét —siempre preparado—, equivalente hoy a míster Viagra. Su vida inspiró el personaje de James Bond. Murió en 1965 a los 56 años en el parisiense Bois de Boulogne al estrellar su Ferrari en un castaño… Joya. Las mujeres a los 40 saben lo que quieren, a los 50 saben lo que tienen, a los 60 se sienten felices de lo que son, a los 70 están orgullosas de lo que viven, a los 80 son ejemplo de vida, a los 90 son leyenda. ¡Ánimo, Chepe!