El cambio

Llegamos a estas alturas con cuatro compromisos impostergables. Ellos están estrechamente relacionados: el compromiso nacional, el regional, el continental y el planetario. O sea que somos pueblos, región, continente y mundo a la vez. Gobierno que no haya comprendido esto, está desahuciado. El compromiso nacional es la democracia y la disminución de todo lo que implican las desigualdades (bajo mecanismos de interculturalidad). El compromiso regional es el desarrollo colectivo, entender que no estamos solos y que ya no podemos pensarnos sin un nuevo proyecto centroamericano (derrumbar dictaduras). El compromiso continental es la llamada integración: cómo ser parte de un continente con sanos intercambios (urgente pensar seriamente el fenómeno de la migración). Y el planetario, pues es hacerle frente a la globalización, a las relaciones multilaterales con audacia y capacidad. En el revés de las cuatro tramas se tejen, entre otras, diversas cuestiones imposibles de ignorar: el Estado de derecho y los derechos humanos; la relación entre lo público y lo privado; la conciliación de lo universal y lo particular para construir una modernidad sobre la base de valores propios; el acceso a la sociedad de la información con criterios de pertinencia y relevancia para crear la sociedad del conocimiento que necesitamos; la configuración de una idea de nación plural; la valoración del pensamiento propio como proyecto “emancipatorio” de formas soterradas de colonialismo cultural o académico. Dar un paso hacia la independencia cultural. Y subrayo la libertad de expresión, dado el abismo en la que se encuentra.

Pero hay un hilo que cose los cuatro compromisos: el cambio climático. El fomento de una conciencia colectiva sobre el acelerado desgaste ambiental. Negarlo sería una gran irresponsabilidad ya que es evidente cómo está generando grandes tragedias de orden mundial, continental, regional y nacional.

Groenlandia ya se está derritiendo, el nivel del mar aumenta rápidamente; consumimos la Tierra hasta agotarla. Cada vez menos especies y más bosques del mundo despejados. Hay grandes ciudades amenazadas; incendios pavorosos que devoran bosques y colonias. Ríos secos. Lagos contaminados. Los sistemas del planeta se están arruinando y no lo queremos ver. Da miedo: sí. Pero el negacionismo es hoy un gran enemigo de la humanidad. Urge entender que las decisiones para enfrentar el cambio climático son políticas. O sea, necesitamos políticos verdes. ¿Un gobierno ambientalista? Políticos juiciosos que encaminen al país hacia el enfrentamiento de semejante tragedia. Que apoyen a pueblos indígenas en su defensa del agua, de la tierra frente a las grandes empresas extractivas que ignoran reglas. 

Más enorme inseguridad alimentaria es lo que viene. No habrá cosechas por plagas, incendios, sequías, tormentas… ¿Cómo transitar hacia una economía verde? ¿Vivir una cultura ecológica? Tictac.

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Author: Maria Suarez