Durante el año pasado y gran parte de este he escrito sobre temas políticos; creo que en este momento, cuando falta menos de un año para las elecciones generales en las que elegiremos presidente, diputados, parlamentarios y alcaldes, se hace obligado tocar estos temas que a todos atañen. Atañen relativamente y más adelante me referiré a la importancia que las elecciones tienen para un gran segmento de la población. Para ser congruente con el título de esta columna trataré sobre los candidatos en general y el presidencial en particular y sobre las calidades y cualidades que debiera tener el que aspire a ser Presidente. Tengo suficientes antecedentes y credenciales para tocar este tema con autoridad y sin ruborizarme. Gracias a la libre emisión del pensamiento todos podemos opinar, aunque en muchos casos sean disparates. Solamente cuando uno por vocación y oportunidades ha visto a muchos candidatos, la experiencia le permite abordar el tema con solvencia, por ello hoy me atrevo a referirme al presidenciable.
Empezaré recordando que en mis anteriores artículos mencioné los diez nombres de los primeros precandidatos de los que más se hablaba, pero me quedé corto; tuve que subir a quince y ahora se habla de más de veinte, pudiendo llegar incluso a treinta. Con todo respeto esto me parece absurdo y vergonzoso porque más de la mitad no tienen ninguna posibilidad ni de llegar a ser de los primeros seis, ya no digamos estar en segunda vuelta. Habiendo tanto precandidato los electores tenemos el legítimo derecho de indagar, de preguntarles directamente, si se presenta la oportunidad, algunas cuestiones para saber más o menos qué es lo que persiguen como para arriesgarse a optar a una candidatura. Esto cobra mayor importancia viendo la tragedia que asolará a Chile, Perú y Colombia, donde los votantes cometieron el grave error de elegir democráticamente a un criminal en un caso y a unos ignorantes en otros.
Entrando en materia, según yo, el candidato debe tener un grado universitario para empezar, luego creo que los votantes debiéramos exigir una declaración de bienes porque aquí hemos “visto muertos acarrear basura” y millonarios de la noche a la mañana. Es indispensable que el presidenciable tenga un historial empresarial o profesional de éxito comprobable no imaginario o de sueños de opio. Que conozca las reglas del mercado, de las transacciones internacionales, que entienda cómo se adquiere un crédito y cómo se cumplen las obligaciones mercantiles. En su actividad productiva debe de haber creado puestos de trabajo y generado riqueza. Los votantes debemos tener claro que por quien votemos puede llegar a ser el representante de la unidad nacional, la máxima autoridad civil y militar del país, nuestro representante, nacional e internacionalmente, y administrador de la cosa pública. Para que nos entendamos, nunca el capitán de un trasatlántico es un marinero que no ha manejado una lancha o que no haya sido por lo menos “oficial de puente”, igual que el piloto de un avión 747 debió de ser antes copiloto. Un presidenciable debe de ser parte importante del partido que le postula. El candidato deberá ser un hombre de hogar, que defienda la vida, la libertad y la propiedad privada. (Continuaré…)