Estados Unidos: el error de los dos frentes

Ni la Alemania hitleriana ayer ni los Estados Unidos hoy pueden darse el lujo de enfrentar a adversarios en dos frentes geográficos distintos. Hitler lo sabía y por eso decidió primero invadir y conquistar a Francia, para después atacar a la Unión Soviética. Aun así aquel conflicto se prolongó y Alemania fue derrotada. Hoy los Estados Unidos están abriendo dos frentes, con enormes y graves consecuencias mundiales: uno en Ucrania y el otro en Taiwán. La Federación Rusa y la República Popular China son para los Estados Unidos adversarios temibles. Los tres son poderosos Estados que poseen armas nucleares. Tal confrontación sería verdaderamente catastrófica.

La particular geografía de los Estados Unidos los destinó a obtener la hegemonía mundial. El vastísimo y rico territorio al oeste de las trece colonias inglesas, prácticamente deshabitado, les permitió extenderse del Atlántico al Pacífico en tan solo medio siglo. Durante la primera mitad del siglo XIX, el “Destino Manifiesto” y la doctrina Monroe los hicieron el hegemón regional. Setenta y cinco años después los Estados Unidos se habían convertido en el país más rico y productivo del planeta. Sin embargo, aún no habían demostrado su músculo militar, cosa que sucedió a partir de 1941, cuando entraron en la Segunda Guerra Mundial. 

Sin embargo, al término de la guerra, los dos grandes vencedores militares, los Estados Unidos y la Unión Soviética, se enfrentaron en un conflicto geopolítico, encubierto por una disputa ideológica: la lucha del capitalismo liberal contra el comunismo marxista. En 1989 el capitalismo liberal estadounidense parecía haber triunfado y en 1991, en tan solo cuatro meses, la que parecía invencible Unión Soviética colapsó. Los países del Pacto de Varsovia, liberados del control soviético, buscaron alinearse con el nuevo hegemón y su estructura militar antisoviética, la OTAN. La Federación Rusa, disminuida heredera de la Unión Soviética, protestó inútilmente, hasta que, en febrero de este año, una Rusia parcialmente recuperada decidió parar en seco la integración de Ucrania en la OTAN y la Unión Europea, iniciando una “operación militar”. Hoy los Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea están peleando vicariamente una guerra todavía limitada en Ucrania contra Rusia.

Esta semana, la presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, la diputada Nancy Pelosi, decidió viajar a Taiwán, para demostrar simbólicamente el compromiso de los Estados Unidos de defender a la isla contra cualquier agresión de la República Popular China, que la considera parte integral del territorio del Estado chino. La respuesta de China no se ha hecho esperar. China es un rival mucho más poderoso de los Estados Unidos que Rusia y la isla de Taiwán sería mucho más difícil de defender y aprovisionar que lo que es Ucrania. Nadie quiere otra guerra entre los “grandes”. El peligro del escalamiento nuclear no puede descartarse.

Si bien a partir de 1991 el peligro de una confrontación nuclear entre las grandes potencias había disminuido, este año volvemos a estar muy cerca del holocausto nuclear, que no se debería imaginar siquiera. Al historiador Tucídides se le atribuye la teoría de que cuando la posición hegemónica de una gran potencia se ve amenazada por una potencia emergente, existe una alta probabilidad de guerra entre las dos potencias. Ojalá que la humanidad pueda escapar de esta terrible trampa geopolítica.

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Author: Maria Suarez