La flor de la libertad por sobre el sol del avenir “Sería ingenuo pensar que los problemas que tiene la humanidad en la actualidad pueden resolverse con los medios y métodos que se aplicaron o parecieron funcionar en el pasado”. El autor de la frase ocupa el título de uno de los cinco “personajes del siglo” según la revista ‘TIME’. Mijaíl Gorbachov, el último secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética fue mucho más que un punto fijo del final de la fría. Electo al cargo el 11 de marzo de 1985 “Gorbi”, como le llegaron a llamar con cierto afecto en Europa del este y occidente, señalaba una primera y decidida apertura del monolítico mundo comunista hacia un proceso de reforma e inauguración de espacios de posible cooperación con el mundo capitalista.
En Europa diversos movimientos socialistas y socialdemócratas habían seguido, desde mediados de los 50, una senda cada vez más liberal demócrata. La brutal represión soviética de la revolución húngara en ese periodo o de la Primavera de Praga a finales de los 60 convencieron a muchas de estas formaciones de abrazar decididamente el pluralismo democrático. Incluso, llegando a abandonar el marxismo como pilar doctrinal. En esa misma línea, el líder soviético inauguraba las dos columnas portantes de su visión política: la glásnost (apertura) y la perestroika (reestructuración). La primera, reintroduciendo paulatinamente las libertades políticas arrebatadas al pueblo soviético por la revolución de octubre de 1917. La segunda, una igualmente progresiva y necesaria liberalización económica para traer dinamismo y eficiencia a una URSS en crisis que cargaba con los abultados costes de la Guerra Fría. Esta especie de “socialismo liberal” también implicó dar una cada vez mayor autonomía política a los países del bloque del este. Elecciones libres en Polonia y el visto bueno a la reunificación alemana fueron muy bien recibidos en occidente. Al igual que los tratados SALT para el gradual desarme nuclear. Por supuesto, la historia suele ser cruel con los reformistas. Los más liberales juzgaron el aperturismo gradual sin precedentes como aún insuficiente. La línea dura del PCUS acabó prematuramente con su mandato trámite un ‘coup d etat’, culpando a la propia apertura del posterior colapso de la unión. El compromiso con sus “valores universales” de libertad y democracia le costaron a Gorbachov su proyecto de país. Empero, homenajeando su tentativa de enarbolarlos se merece, por mucho, esas pintadas de “Danke Gorbi” (gracias) que aún se pueden leer en tantos muros desperdigados por Europa oriental.