Hábitos

Hace algún tiempo publiqué en este mismo espacio un artículo al que titulé La falacia de la motivación. En él trataba de avanzar una perspectiva distinta a la que prevalece en el imaginario colectivo, es decir, intentaba darle en el trasto a la creencia de que la automotivación es la madre de la superación, cuando realmente lo es la autodisciplina. 

Con frecuencia uno escucha a personas decir que no cuentan con la voluntad para hacer esto o aquello. Por ejemplo: “no tengo la voluntad como tú para siempre cuidar la comida” o “no sé cómo puedes levantarte todos los días a las 4:30”. Exclaman esto como si estuviesen convencidos de que sus interlocutores nacieron con un don especial, con un gen extra o alguna característica particular, mientras ellos y otras personas carecen de este factor genético. La inconveniente verdad es que la única diferencia es la cantidad de arrojo que algunas pocas personas presentan ante los obstáculos. 

Existe otra falacia en todo este asunto y es la del tiempo libre. Esta decreta que se requiere amplias cantidades de espacios vacíos en la agenda diaria para desarrollar disciplina y, la verdad del asunto, es que no hay correlación entre la cantidad de tiempo a disposición y el nivel de disciplina.      

Como todo en la vida, la única forma que existe para desarrollar disciplina es a través de práctica deliberada. 

Nadie se despierta un día repentinamente bendecido con grandes cuotas de autodisciplina. Nadie. Lo que se debe hacer es establecer un plan claro que es diferente si uno quiere aumentar hábitos positivos o si lo que se requiere es reducir o eliminar hábitos negativos. Así, al desarrollar hábitos positivos, como hacer un ejercicio de manera más intensa y sofisticada, necesitamos hacer una red de soporte nueva que esté compuesta por personas que saben acerca de las técnicas necesarias para mejorar nuestro nivel, mientras que, al eliminar hábitos negativos, lo que necesitaremos es renunciar a la compañía de ciertas personas. 

Otro aspecto importante, que muy bien describe Amy Morin en sus artículos publicados en Forbes, es la necesidad de practicar incomodidad emocional. Es normal tratar de evitar dolor e inconveniencias, pero eliminarla del todo solo refuerza la idea de que uno no puede tolerar dolor. En realidad, podemos aguantar mucha más molestia de la que reconocemos. Si usted cree que no aguanta a hacer algo difícil, lo invito a que se pruebe lo contrario.

Por ahí leí alguna vez que algunas personas visualizan constantemente la gratificación de largo plazo cuando se sienten débiles ante un obstáculo o tentación. Verse a uno mismo, en gran detalle, ya como el producto final que está tratando de construir resulta sumamente poderoso para mantenerse firme en el plan de acción.  

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Author: Maria Suarez