La justicia divina

En mi opinión, y siempre aprendiendo de la vida, vamos a filosofar… 

“El bien” es una realidad perfecta o suprema, es una inclinación natural y divina en la existencia espiritual. Somos seres esencialmente espirituales, por lo cual la base de nuestro comportamiento en este mundo debe ser sobre valores de vida. El mundo experimenta cambios constantes en innovación tecnológica para el desarrollo; sin embargo, los principios y valores de vida nunca deben cambiar. 

La riqueza espiritual debe ser la plataforma para alcanzar la riqueza material. Debemos movernos sobre valores de vida, actuando conforme a ello en la vida familiar, social y profesional, y así vienen los resultados de abundancia y prosperidad de largo plazo en una vida con sentido y propósito en armonía con el entorno. Por tanto, hacer el bien genera bendición; hacer el mal genera maldición. 

“El mal” es el resultado de un comportamiento contrario a esos principios y valores de vida, en contraposición al bien. El sentido común es cuando sabemos por defecto qué es bueno y qué es malo. Por ejemplo, todos sabemos que matar, robar o mentir es malo, porque son principios de verdad absoluta. 

En términos concluyentes a las anteriores aseveraciones, todos sabemos lo que es bueno y lo que es malo. El libre albedrío es el camino que todos tenemos para decidir nuestras acciones en esta vida y que dictarán nuestro comportamiento con resultados infalibles a largo plazo. 

Por ejemplo, yo puedo escoger una forma ilícita y no el camino correcto para obtener resultados fáciles y rápidos para hacer un negocio, y podré pasar poco o mucho tiempo en una “abundancia aparente”, pero al final de forma infalible e inexorable la historia terminará mal, porque tomamos el camino contrario al bien, escogimos el camino equivocado. 

Y aquí podemos mencionar también la siembra y la cosecha, que de forma infalible determina un resultado, exactamente lo que sembremos vamos a cosechar. Siembro amor, cosecharemos amor; siembro odio, cosecharemos odio. Y desafortunadamente, en referencia, no podemos sembrar algo y cosechar otra cosa y no podemos dar lo que no tenemos. Por ejemplo, si no tengo amor en mi corazón no podré dar amor. 

En la vida podemos tener cualquier cantidad de cosas materiales, fama, estatus social y tener un vacío interno, ser infelices y llevar una vida llena de problemas y dificultades con grandes carencias espirituales, sin amor, y sin los valores que llenan de satisfacción una vida plena. Esta es la prueba de cuáles son las prioridades en la vida. Si queremos una vida con abundancia y prosperidad, debemos trabajar en el orden de prioridades en el camino correcto.

El mundo de hoy es un mundo decadente en donde impera el conflicto social, la injusticia, las guerras, el abuso de poder, que implica las grandes diferencias sociales, un mundo en donde muchas sociedades han sacado a Dios de sus vidas, un mundo en donde se perdió totalmente la dirección correcta basada en el bien y la naturaleza de Dios. 

Sociedades esclavas del mundo material y consumista con hambre de poder y riqueza “por sobre todas las cosas”, con prioridades opuestas a lo correcto, que promueven valores de muerte y adoran a dioses falsos dejando por un lado los verdaderos principios y valores de vida. Este es el mundo de hoy, que promueve de forma prepotente y descarada cambios inaceptables por sobre Dios y la naturaleza. Al final, el paso sobre este mundo es corto en nuestra existencia, y entonces qué sigue. 

La prosperidad es una condición de largo plazo, que consolida una abundancia material basada en riqueza espiritual. Y como repetimos, así como todo lo que sube tiene que bajar, lo que no está bien, tarde o temprano, tiene que terminar. 

Y al final, el bien, la verdad y la justicia siempre ganarán.

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Author: Maria Suarez