Putin, un asesino serial

Hace ya seis largos y tenebrosos meses que Rusia violando todas las leyes y acuerdos internacionales inició la invasión de Ucrania, sumiendo al mundo en la preocupación de la guerra nuclear y a Europa en la oscuridad, que incluso ha llevado a sus ciudades a racionamientos de energía, representados por sus bellas ciudades, monumentos y atracciones turísticas sin iluminación. 

Para colmo de males la central nuclear de Zaporiyia fue desconectada, elevando las alarmas y preocupación de todos los líderes del mundo libre, ante la posibilidad de repetir lo que sucedió en Chernóbil. 

Las atrocidades cometidas sin razón alguna contra la población civil de parte del Fuhrer de Rusia, Vladimir Putin, son incontables y sin duda alguna serán el legado de muerte y destrucción del maniático presidente con ínfulas imperiales. 

Como si fueran moscas caen sus jóvenes soldados, la mayoría forzados y molestos por una guerra que no entienden ni apoyan. Se calcula según fuentes militares de Estados Unidos que son más de 75 mil los muertos del ejército ruso, con el agravante del uso de mercenarios pagados, a quienes se les permite a cambio de sus servicios cualquier barbarie, tortura, saqueo y violación de mujeres como estrategia oficial. 

Al mismo tiempo, desde su inicio las libertades se restringen en Rusia como en los tiempos de la antigua Unión Soviética y se instauran penas de quince a veinte años por criticar u opinar en contra, incluso está prohibido llamarle guerra o invasión y más de 16 mil personas han sido detenidas.

A marchas forzadas y contrarreloj por los resultados tan pobres y mediocres, implementan los rusos programas para la creación de movimientos infantiles al estilo del Tercer Reich, muy comunes en la época de Stalin y camaradas, con el fin de indoctrinar y lavar los cerebros de los niños, para que conozcan solo lo que les interesa venderles como “verdad”. 

Todo indica que vamos rumbo a la formación de bloques como en los viejos tiempos y que Rusia sueña retorcidamente en ver una Europa que se rinda y se arrodille a sus pies. 

Firman acuerdos para permitir la salida de los cereales y al día siguiente bombardean el puerto, siguiendo más de cien barcos aún allí atrapados y bajo constante amenaza de destrucción. 

“Los rusos son muy arcaicos (…). No somos ciudadanos, sino una especie de tribu”, decía Igor Yurgens, consejero del expresidente Medvedev, y toda una gran cantidad de frases y declaraciones que los retratan históricamente, como la dicha por Svetlana Alexievich, en donde afirma: “Eso era también la civilización soviética, una mezcla de prisión y de jardín de infancia”. 

Por lo que el envío masivo de armas y apoyo a Ucrania es vital y clave para frenar esta agresión al mundo libre, y mantener la guerra fuera de territorio de la OTAN y continuar con las sanciones con más fuerza que nunca. 

El cinismo de Vladimir Putin al condenar el asesinato de la hija del ideólogo de la invasión y guerra a Ucrania, y calificarlo de “vil crimen”, raya en la locura y únicamente hace que recordemos el viejo refrán que dice “el burro hablando de orejas”. 

Recién esta semana, en venganza, bombardeó una estación de tren llena de civiles y ha jurado una tormenta de misiles sobre Kiev.

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Author: Maria Suarez