La Ley de Reducción de la Inflación: reflexiones

Vale la pena informarse sobre la aprobación de la iniciativa de US$430 mil millones, denominada Ley de Reducción de la Inflación, aprobada por el Senado estadounidense el domingo antepasado, según nos lo informa AFP (Prensa Libre, 12 de agosto). 

El espíritu de dicha ley está orientado primero a la creación de un nuevo impuesto mínimo de 15 por ciento para todas las empresas cuyos beneficios superen los US$1 mil millones. Se trata, claro está, de una medida objetada por los republicanos, especialmente los trumpistas, que están en plena efervescencia electoral.

Además, tiene como punto central el tema de la mitigación y adaptación al cambio climático, con una inversión de US$370 mil millones, mientras que se reservan otros US$64 mil millones para la salud. Se trata de sacar de la matriz energética al carbón que por aquí grandes conglomerados agroindustriales vienen haciendo lo contrario. Es decir, crear más contaminación.

Biden persigue adecuarse a los objetivos de la COP21 de reducción de gases de efecto invernadero en un 40 por ciento para 2030, respecto del 2005. En materia de salud se tratan de corregir las enormes desigualdades en el acceso a la atención sanitaria en los Estados Unidos, buscando poner un tope a precios de referencia de los medicamentos, tema este que tiene amplias consideraciones en los foros comerciales internacionales, pero que en Guatemala se ignora por completo por el Ministerio de Economía, por el de Salud y por el IGSS.

Además, en lo que se refiere a la atención de los adultos mayores —lo que podría ser tan solo para los privilegiados del Camip que cotizaron al IGSS por aquí— se decreta en la ley comentada negociar los precios de varios medicamentos con la Big Pharma. Se trata entonces de un abaratamiento de los precios de las medicinas. 

En el mundillo de analistas económicos del establishment chapín tales medidas ni por asomo se imaginan ni se piensan, pues por aquí priva el dogma que la maquinita monetaria del Banco de Guatemala es la única causante de la inflación, y que esto viene del déficit fiscal. Ni siquiera se menciona —bajo este estrecho marco de análisis— que la principal fuente de monetización viene de la conversión a quetzales de las millonarias cantidades que vienen mes con mes en concepto de remesas.

Se requiere todo un equipaje teórico renovado para comprender la dinámica inflacionaria actual, que no viene del todo de exceso de dinero, sino de distorsiones clásicas de los mercados —anárquicos por naturaleza— y severos problemas de logística y especulación que están determinando que los más grandes e importantes grupos corporativos del mundo desarrollado estén replanteando su modelo de negocios. Todo ello implica diversas rigideces, que se potencian por los conflictos geopolíticos que están a la orden del día y son muy bien difundidos por los medios de prensa de la actualidad. La inflación es entonces un misterioso tema que tiene que ver con muchas aristas de la dinámica y estructura de los sistemas económicos. Es entonces un tema no apto para mentes dogmáticas ni catecismos de teorías más que obsoletas.

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Author: Maria Suarez