La libertad

América Latina experimentó una ola democratizadora después de la Segunda Guerra Mundial: cayeron varias dictaduras y surgieron regímenes democráticos como los de Arévalo y Árbenz en Guatemala. Luego hubo una recaída en dictaduras, conflictos y violencia, pero América Latina experimentó de nuevo una ola de transición hacia la democracia a partir de la década de 1980. La nueva ola dio lugar a varios gobiernos mediocres, pero durante las dos primeras décadas de este siglo respetaron los espacios de libertad que traía consigo una todavía imperfecta democracia. Como individuos y como sociedades contábamos con cierta capacidad de elección, es decir, libertad. 

La recaída que experimentó América Latina durante las décadas de 1950 y 1960 involucró gobiernos dictatoriales, principalmente militares, que recordamos como fantasmas. Guatemala tuvo tempranamente un régimen militar, establecido en 1963 y que luego se eternizó entre 1970 y 1985. Varios países latinoamericanos estuvieron en situaciones similares, y sufrieron las consecuencias de gobiernos que cerraron los espacios de libertad. Estallaron rebeliones armadas, generalmente fracasadas y con altísimos costos de todo tipo. Como sabemos, la grave crisis política, militar y económica que vivió Guatemala culminó con un profundo y trágico retroceso humano, económico y social.

Ahora estamos experimentando el cierre de espacios de libertad y una nueva ola que en algunos países amenaza la democracia. Se manifiesta en intentos por restringir la libertad de prensa, controlar la justicia, acudir a la corrupción, reprimir a la sociedad civil e impedir que los resultados electorales se respeten, como pasó incluso en Estados Unidos el año pasado. Ya se consolidaron tiranías en algunos países. La existencia de esta ola en varias naciones simultáneamente sugiere que hay elementos comunes que la explican. La primera ola de reversión democrática, ocurrida durante las décadas de 1950 y 1960, tuvo mucho que ver con una modernización excluyente en un contexto de guerra fría donde Estados Unidos privilegió la estabilidad y el anticomunismo más que la democracia. 

Ahora se combinan tres factores: primero, Estados y regímenes democráticos frágiles sin voluntad o con dificultades para atender reivindicaciones populares fraguadas en el seno de un capitalismo jerárquico que ha beneficiado principalmente a élites económicas y a sus aliados; segundo, la prioridad estadounidense por contener migraciones y narcotráfico, que de nuevo está conduciendo a privilegiar la estabilidad sobre la democracia; y, tercero, un contexto internacional en que sobresalen desde Putin y Ortega hasta Bolsonaro y Trump como líderes que impunemente erosionan la democracia. Se justifican dos respuestas. A corto plazo debe evitarse que se cierren más espacios de libertad. A mediano plazo corresponde negociar pacíficamente nuevos contratos sociales para atender las reivindicaciones de las mayorías.

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Author: Maria Suarez