El gran oso feroz

Putin ha invadido a Ucrania, un Estado reconocido por las Naciones Unidas, en un acto ilegal desde el punto de vista del derecho internacional. Pero mal no sería preguntarse e intentar explorar las razones históricas y geográficas que lo impulsaron a este acto reprochable.

Veamos.

Geográficamente Ucrania se sitúa en una planicie que se extiende del Báltico al norte hasta el mar Negro al sur, que comparte con Polonia, Lituania y con Rusia misma. Por lo cual no existen fronteras que podrían considerarse naturales como lo son el Himalaya en Asia, los Alpes o los Pirineos en Europa Occidental. Por otra parte Ucrania moderna es un país de relativa reciente creación: 1991 . Existe una cultura ucraniana común, sin duda. Sin embargo, en el curso de la Historia ese territorio fue dividido en tres regiones. La parte noroeste participó en el siglo XVIII de la unión polono-lituana, de lo que se le dio por llamarse la República de las Dos Naciones. Y justamente esa región del norte de la Ucrania actual no tiene nada que ver con Rusia. Incluso esa población ucraniana antisoviética colaboró con los invasores alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, la segunda porción del territorio, que incluye Kiev, fue anexada por el Imperio ruso en 1654, fue y sigue siendo rusófila y rusófona en gran parte de su población. Vale la pena hacer notar que en los años 900 d. C. Kiev era una civilización adelantada gobernada por los Rurik. Fueron expulsados estos por la invasión mongola y terminaron por establecerse en Moscú, donde gobernaron hasta 1600, en que fueron reemplazados por los Romanov, que gobernaron todas las Rusias —incluyendo Ucrania— hasta la Revolución bolchevique en 1917. Por lo cual la relación Kiev-Moscú existe desde el fondo de la Historia de ambos pueblos. 

 La tercera porción al sur es la que colinda con el mar Negro y con Rusia al este, territorios hoy en disputa, el Dombás en particular. Esa parte tuvo una Historia mucho más compleja, ya que originalmente se establecieron ahí enclaves griegos en la Antigüedad y más tarde, ya en la era cristiana, fue ocupada por mongoles, tártaros y finalmente por turcomusulmanes, con sus khanan —el más importante siendo el de Crimea—, gobiernos autónomos dependientes del Imperio otomano de Istambul. 

Con la decadencia otomana y la guerra turco-rusa del siglo XVIII los ejércitos de la zarina Catalina la Grande conquistaron la riviera del mar Negro en su totalidad habiendo sido anexada desde entonces al Imperio ruso.

Y así se mantuvo Ucrania bajo el control moscovita hasta el desmantelamiento de la Unión Soviética en 1991, en que por el movimiento natural de la Historia se tornó independiente como República de Ucrania —no soviética—, pero siempre bajo la influencia rusa, con dirigentes afines a Moscú.

Y ello hasta que en 2004/2005, en que debido a irregularidades en la elección presidencial ucraniana y algo de intervención indirecta de Washington aconteció la denominada Revolución Naranja, que expulsó al candidato pro-Moscú y fue electo un Presidente que miraría hacia Occidente, dándole hasta cierto punto así la espalda al Gobierno ruso. 

Y fue en ese momento que Putin alarmado empezó a actuar. Al principio a través de acuerdos de una índole u otra que no fueron respetados por ninguna de las partes. Más tarde con la anexión rusa de la península de Crimea y su puerto militar Sebastopol, ello en 2018, terminando actualmente con la invasión generalizada de Ucrania buscando restablecer la influencia moscovita sobre dicha región como Estado tampón frente al Occidente europeo, a la influencia norteamericana y la militarizada OTAN. 

¿Logrará el oso moscovita su cometido? Eso está por verse.

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Author: Maria Suarez