La política se mete en nuestras vidas, aunque pretendamos ignorarla

En Guatemala se vive en la lógica de “sálvese quien pueda” desde hace ya muchos años. Y la respuesta más exitosa ha sido y es migrar a Estados Unidos, lo ya han realizado más de tres millones de compatriotas; o actuar con el síndrome del avestruz, enterrando la cabeza para pretender ignorar lo que ocurre a nuestro alrededor; o la compra conveniente de la propuesta de radicalización ideológica promovida por las mafias; o el aceptar como un mal inevitable la toma del poder político y de las riendas de la democracia por parte del Pacto de Corruptos. Lo peor de todo, observar que, poco a poco, la cultura de la corrupción y del desprecio al interés común se vuelven parte de la cultura nacional. Una tragedia a fuego lento. 

“La democracia no es una ideología; es un método y es un instrumento, el mejor que se ha inventado, para garantizar la convivencia, pero la democracia no garantiza el buen gobierno. Solo garantiza, y no es poco, que podamos echar a los gobernantes que no nos gusten. Esa es su gran diferencia con la dictadura”. Estas son reflexiones de vida de Felipe González, un político español que supo impulsar la incorporación de España a la Unión Europea, hace más de treinta años. Otra de sus reflexiones dice así: “Si la política que se hace no gusta, hay que cambiarla; si los partidos políticos que hay no gustan; hay que cambiarlos o cambiar a sus dirigentes. Lo que no se vale es decir que esto no sirve y no tiene arreglo”. Es claro que si los ciudadanos no toman acción, lo más probable es que los políticos tomen la iniciativa contra ellos: en Guatemala empezó con la intervención de las instituciones independientes; apropiándose luego inclusive de la Usac; y ahora reprimiendo a jueces, periodistas independientes y opiniones disidentes, para consolidar un poder muy poco democrático. Es el remedo moderno que busca cuidar unas pocas formas aparentes, como las elecciones, pero que coopta los poderes del Estado para que sea más dictadura y menos democracia. Al hacerlo nos roban las oportunidades de un desarrollo dinámico en el país, especialmente a las nuevas generaciones, y esto es imperdonable. 

No debemos permanecer de brazos cruzados. Si queremos cambiar lo que acontece en Guatemala, debemos actuar con sentimiento de urgencia. El liderazgo público es la capacidad de concebir un proyecto común que conecte con una aspiración mayoritaria. En nuestro caso, debiese ser poner un alto al Congreso y los diputados, entronizados como los “intermediarios poderosos” de la política local, con un sistema de elección basado en la pulverización de partidos políticos y la eterna reelección de los diputados que manejan los hilos del poder y de los intereses oscuros. Sin modificar el sistema electoral, la batalla está perdida. Ahora pretenden reprimir todo acto de oposición ciudadana con una nueva ley. No debemos permitirlo. La política se mete en nuestras vidas, aunque pretendamos ignorarla.

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Author: Maria Suarez